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Características generales de la Conquista Española

Capitulaciones de Santa Fe otorgadas a Cristóbal Colón (Fragmento)
Las cosas suplicadas y que Vuestras Altezas dan y otorgan a don Cristóbal Colon en alguna satisfacción en lo que ha descubierto en las Mares Oceanas y del viaje que agora con la ayuda de Dios de hazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas que son las que siguen.
Primeramente que Vuestras Altezas como señores que son de las dichas Mares Oceanas hacen dende agora al dicho don Cristóbal Colon su almirante en todas aquellas islas y tierras firmes que por su mano & industria se descubrirán o ganaran en las dichas Mares Océanas, durante toda su vida y después de su muerte a sus herederos y sucesores de uno a otro perpetuamente con todas aquellas preeminencias y prerrogativas pertenecientes a dicho oficio, al igual que don Alonso Enríquez, vuestro Almirante Mayor de Castilla, y otros predecesores en el mencionado oficio en sus distritos.
Otrosi que Vuestras Altezas hazen al dicho don Cristóbal su visorrey & gobernador general en todas las dichas islas & otras que como dicho es el descubriere o ganare …

Derechos del Descubrimiento. Cristobal Colón. Edición facsimilar. Carvajal S.A., Cali, 1992.
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Grabado de la época y fragmento de las Capitulaciones de Santa Fé
La presencia de España en América estuvo antecedida por la coyuntura europea de la apertura hacia una economía mercantil y la fortaleza de los grandes banqueros de la naciente burguesía. Este proceso coincidió con la reconquista cristiana de la península ibérica sobre los territorios ocupados por los árabes durante siete siglos.

Esta Reconquista fue realizada sobre parámetros feudales e instituciones de carácter civil y militar, herramientas que sirvieron para establecer en América el proceso de Conquista. En la conquista de América participaron la monarquía, los inversionistas particulares y los aventureros entrenados en la reconquista, quienes hicieron de todo el proceso una empresa de expansión, cuya expresión fue un contrato llamado Capitulación. Estos contratos sustentaron legalmente las exploraciones reconocidas por la historia como rutas de la conquista española y la fundación de ciudades que consolidaron el dominio sobre el nuevo continente, constituyéndose en las primeras bases de la distribución de la tierra y del poder en América desde los parámetros eurocéntricos.



Rutas de la conquista española


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Sebastián de Belalcazar Fuente: Historia de Colombia, Salvat editores, Tomo III,p.408
CARTA DE BELALCÁZAR AL REY
“Luego como llegué a esta tierra de las provincias de Quito, de aquella jornada que en servicio de Vuestra Majestad hice con el Licenciado Vaca de Castro para aviamiento y despacho suyo, hallé una provincia de los Timbas que es de los términos y repartimiento de la ciudad de Cali, alzada y rebelada del servicio de Vuestra Majestad, y muerto en ella un Capitán con veintidós españoles, que habían salido a visitarla, que no poco escándalo y desasosiego puso naturales comarcanos y a mí no menos cuidado y mucho gasto de mi hacienda en allegar y juntar gente y comprar las armas y pertrechos para la expedición de la guerra necesarios; y así junta, despaché un capitán con noventa hombres arcabuceros y ballesteros”.

Cespedesia. Vol. XIV. Cali, Enero-Diciembre de 1985, Nos. 51-52.

Al llegar Colón con su grupo de españoles a territorios americanos, en 1492, se procedió a explorar las Antillas y a reconocer las costas del nuevo continente para desarrollar un proceso de conquista. En esta etapa inicial se aseguró el Caribe como una especie de mare nostrum para los españoles, lo que desde la perspectiva naval se constituyó en el corazón de la expansión del imperio español en América. Desde el avistamiento del Mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa en 1513 y la fundación de Panamá en 1519, las expediciones iniciadas en el Istmo tendieron a incrementar las exploraciones del Darién y el Atrato, otras se dirigieron a Nicaragua y Centro América y otras hacia zonas costeras que hoy pertenecen al Departamento del Chocó.

Francisco Pizarro, en su ruta expedicionaria hacia el Perú, navegó frente a la Costa Pacífica, hizo un alto en la isla de Gorgona y en la isla del Gallo frente al actual Tumaco. Continuando con su viaje, llegó a Tumbes y, desde allí, penetro hacia el Cuzco conquistando el imperio Inca, ruta en la que realizó varias fundaciones. Después encomendó a Sebastián de Belalcazar reprimir el levantamiento indígena del cacique Rumiñahui; campaña militar que aprovechó Belalcazar para fundar la ciudad de Quito en 1534.

A partir de la fundación de Quito, Belalcazar marcho hacia el norte buscando tierras propicias para construir su propia empresa conquistadora y, así, separarse del dominio de Francisco Pizarro. Precedido siempre por avanzadas de soldados, comandadas por Pedro de Añasco y Juan de Ampudia, esta campaña militar pasó por el altiplano de los Pastos, el valle del Patia y el valle de Pubenza, hasta llegar al sur del valle geográfico del río Cauca, desde donde se realizaron expediciones exploratorias y de toma de posesión, siguiendo informaciones que hablaban de territorios ricos en oro y con población indígena numerosa. Inmediatamente después, Belalcazar regreso a Quito no sin antes dejar la orden de fundar las ciudades de Popayán, Cali y Anserma.

Este proceso de ocupación territorial se caracterizó por una expansión radial, producto de las rutas de conquista, y la fundación de ciudades que, simultáneamente, se convirtieron en origen de nuevas expediciones y nuevas fundaciones; al mismo tiempo se desarrolló una campaña militar de expansión que consolidó la conquista y dio comienzo a la colonización mediante establecimientos civiles permanentes, las ciudades.

Expansión radial


El proceso de ocupación española del territorio americano fue determinado por la necesidad de ejercer territorialidad y soberanía sobre un espacio tan amplio que no era posible ejercer presencia inmediata en todos los lugares. Por esta razón, y por la relativa dificultad en encontrar tropas y financiación para campañas de conquista simultáneas, sobre una extensión de la cual se desconocía sus verdaderas magnitudes, fue necesario propiciar formas de penetración que, aun dejando áreas interiores sin presencia del conquistador, pudieran incorporarse bajo el manto de la soberanía territorial de los reyes. Esta forma propició expediciones singulares que, como flechas, penetraron en el territorio ejerciendo y llevando adelante, en términos más jurídicos y conceptuales que materiales, la presencia del rey. La toma de posesión se podía hacer bien por sometimiento en batalla, bien por ocupación del territorio (real o aparentemente) deshabitado, o bien por correría y/o cabalgada. Estas expediciones finalizaban al fundar una ciudad, desde la cual surgían nuevas expediciones similares a las que la originaron y, como estrellas, fueron formando una telaraña que garantizó la cobertura rápida y total sobre el territorio.

La campaña militar


Las campañas militares, en el proceso de conquista, fueron el objeto y finalidad de una empresa en la que se comprometieron inversionistas y soldados para someter un territorio a nombre del rey, mediante una ocupación militar y sujeción de los grupos humanos que lo habitaban. Generalmente la empresa se organizó garantizando a los inversionistas la participación en los beneficios materiales inmediatos de la expedición, principalmente parte del oro producto del saqueo a las comunidades indígenas. El cabecilla militar contrataba los soldados que componían el ejercito (hueste) y garantizaba la ocupación del territorio a cambio de participación -con sus hombres- en el botín; y obtenía, por parte de la Corona, el reconocimiento personal, a través de posiciones de gobierno, generalmente el título de “Adelantado” y Gobernador. Títulos y poder para ejercer en la sociedad civil que se constituiría con la fundación de ciudades; así, se produjo el efecto jurídico de desaparición de la hueste o ejército y, en su reemplazo, la instauración de la ciudad como ente civil permanente. Es necesario advertir que en la época colonial el término ciudad aludía, no solamente a un área urbana sino también al territorio rural sobre el cual ejercía jurisdicción.

Establecimientos civiles


Dos acciones marcan el fin de la actuación militar de una hueste de conquista en la fundación de una ciudad: la delimitación de los territorios ocupados y la demarcación del área urbana, con el consiguiente señalamiento de su centro, simbólicamente representado por el rollo jurisdiccional o picota pública.

La definición de los términos de la ciudad legitimaba la ocupación de un amplio territorio y el comienzo de un proceso de colonización sobre él. Generalmente se utilizó en esta operación una delimitación de linderos naturales -llamados arcifinios- señalando un área del territorio dentro del cual se debía escoger un lugar que, cumpliendo las condiciones recogidas en las ordenanzas del rey Felipe II, sirviera para el establecimiento urbano, cabecera del territorio. Este debería tener suficiente disponibilidad de agua, buen clima, espacio adecuado para construir una iglesia desde cuya torre pudieran dominarse los alrededores, y ubicación estratégica que permitiera organizar fácilmente la defensa. Reconocidos estos factores se procedía a realizar el trazado urbano siguiendo un modelo en cuadricula, heredado de la tradición romana, en el cual se señalaba un centro para la plaza en cuyos costados se destinaban lotes para la iglesia, las edificaciones del cabildo y los lugares destinados para la administración del gobierno; a renglón seguido se procedía a distribuir solares (cuatro por manzana) entre los hombres, asignando los solares de la plaza y los inmediatamente adyacentes, primero a los miembros más importantes de la hueste manteniendo la jerarquía hasta entonces reconocida.

Fundación de ciudades.


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Acuarela elaborada por Arturo Silva de un fragmento del mapa antíguo "de todo el curso del río Magdalena y trozos de Nueva Granada en el Pacífico"( Aprox. 1575
LAS CIUDADES MILITARES
“El sitio donde primitivamente fue fundada Guadalajara de Buga era muy inconveniente: tierra de páramos, los españoles evitaban residir en ella; su excéntrica posición topográfica la alejaba de las vías ordinarias del comercio; edificada sobre la cordillera, carecía de terrenos para ejidos y de tierras fáciles para la labor agrícola. La escogencia de ese sitio apenas es explicable por razones militares: los españoles quisieron hacer de ella un punto de apoyo para la conquista de las numerosas tribus indígenas que poblaban su territorio”. Citado en: Tascón, Tulio Enrique. Historia de la Conquista de Buga. Alcaldía de Buga, Buga, 1991, P.39.
ACTA DE CABILDO DE LA TRASLACIÓN MATERIAL DE LA CIUDAD DE BUGA
“Y después de lo susodicho en cuatro días del mes de marzo de mil quinientos y setenta años los dichos señores Justicia y Regimiento, es a saber el Capitán Luis Velásquez Rengifo, Teniente Gobernador y Justicia Mayor y el Capitán Melchor Velásquez, Alcalde ordinario, y el Capitán Joan López de Gamboa y Lope Osorio y Joan Alonso de Castro, Regidores, habiendo llegado todos juntamente con otras personas y vecinos de la dicha ciudad de Guadalajara de Buga a este asiento y sitio del río de las Piedras (hoy río Guadalajara) donde fue señalado por el dicho señor Gobernador para la fundación y población de la ciudad de Guadalajara de la Victoria (de Buga), habiendo trazado y señalado plaza y calles y solares según y por la orden que está mandado por el dicho señor Gobernador dijeron que en nombre de Su Majestad ponían y pusieron, fijaban y fijaron el rollo donde se ha de ejecutar la real justicia en el medio de la dicha plaza y mandaban y mandaron que los vecinos de la dicha ciudad y demás personas que en ella tienen solares hagan y edifiquen sus casas en lo que a cada uno pertenece y tienen señalado, los cuales empiecen a hacer dentro de quince días primeros siguientes después que les sean notificados y no alcen la mano de ellas hasta las acabar, en el cual dicho tiempo pueblen su vecindad y asistan a ella, lo cual hagan y cumplan so pena de cincuenta pesos de oro aplicados la tercia parte para la cámara y fisco de Su Majestad y la otra tercia parte para gastos de justicia en los cuales desde luego dieron por condenados alque lo en contrario hiciere y así lo firmaron y mandaron. Luis Velásquez Rengifo, Melchor Velásquez, Joan López de Gamboa, Joan Alonso de Castro, Lope Osorio. Ante mí, Gabriel de Soto, Escribano”. Citado en: Tascón, Tulio Enrique. Historia de la Conquista de Buga. Alcaldía de Buga, Buga, 1991, pp. 47 – 48.
Sebastián de Belalcazar y sus sucesores acertaron cuando diseñaron y controlaron un espacio que pronto llegó a constituir una región político-social diferenciada de otras conquistas en América. Esto se debió, tanto a las condiciones naturales que encontraron en el valle geográfico del río Cauca como a la sagaz distribución de las ciudades fundadas que, como un rosario, iban desde Popayán hasta Toro y Arma. Se asignó a cada ciudad una función en el proceso de asentamiento y colonización, desde el punto de vista militar, distinguiendo las ciudades de defensa de las ciudades de colonización. Simultáneamente se procuró que cada una de las ciudades cumpliera una función interna de distribución de la producción.

Ciudades de defensa.


En un proceso de conquista y colonización las expediciones de sometimiento del territorio fueron abriendo paso y haciendo disponible un espacio que deseaba colonizarse. Desde este punto de vista general, todas las ciudades fueron de conquista; sin embargo, algunas de ellas tuvieron la función de ser avanzadas de frontera que permitieron el establecimiento definitivo de otras en el interior del espacio conquistado. La población indígena en resistencia armada obligó a establecer puestos militares en la frontera, los cuales también llegaron a tener asiento permanente después de varios traslados.

La primera ciudad que se erigió como punta de lanza de la conquista fue la ciudad de Toro, inicialmente un puesto militar en las estribaciones del cerro de Tamaná, para contener a los Noanamá (actualmente Waunan), quienes resistían la expansión española en estas estribaciones. Su fundación formal fue en 1573, pero la resistencia indígena obligó a su traslado alrededor de 1587 al lugar que hoy ocupa, al tiempo que se organizaban las ciudades de colonización en el resto del territorio.

Desplazados los indígenas de las estribaciones de las cordilleras hacia las partes más altas de las mismas, las acciones de éstos para recuperar sus territorios no se hicieron esperar, especialmente en la Cordillera Central donde debió enfrentarse -desde muy temprano- a una alianza entre los Quimbayas, Pijaos y Paeces. Ello obligó a fundar las ciudades defensivas de Caloto y Buga, para resguardar a Cartago, Cali y Popayán.

Ciudades de colonización.


En la cabeza de los reyes, como en la de cada uno de los grandes conquistadores, fue claro que el proceso de penetración y conquista no tenía como única función el saqueo, sino, como objetivo final, establecer núcleos humanos españoles que, con su asentamiento, expandieran el modo de vida español en América. Para cumplir con este fin debía asegurarse la permanencia de algunos de los asentamientos, que bien pudieran llamarse ciudades de colonización.

En estas ciudades se debía cumplir institucionalmente con todas las medidas y procedimientos establecidos para su permanencia. En ellas, además de los ceremoniales de posesión y fundación, debían ponerse los fundamentos de todo el establecimiento colonial con instituciones consolidadas y con funciones regionales definidas.

Distribución de la tierra y del poder.


La evanescente noción del poder vincula casi que universalmente su ejercicio a la posesión de la tierra y de los bienes materiales con la capacidad de su puesta en función para la producción social. La capacidad de dirección y, en la mayoría de las ocasiones, de decisión sobre las formas de organización social constituyen también fuentes de poder, generalmente manifiesta en el gobierno de una sociedad a través de sus instituciones. En el caso de América debemos resaltar la convergencia de dos fuentes de poder. Uno externo, la autoridad real; y otro interno, la conciencia individual de participación en el proceso de construcción progresiva de identidad colectiva, en un mundo nuevo en un nuevo territorio. Por lo tanto, el poder se originaba tanto en la posesión y distribución de la tierra, como en la participación que se tenía en las instituciones de la ciudad que se organizaban para su ordenamiento social y político.

Distribución de la Tierra


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Friede, Juan; Jaramillo Uribe, Jaime; y Duque Gómez, Luis.Historia de Pereira.Club Rotario de Pereira.
ORDENANZAS DE FELIPE II SOBRE DESCUBRIMIENTO, NUEVA POBLACIÓN Y PACIFICACIÓN DE LAS INDIAS. 13 DE JULIO DE 1573


Al que se obligare a poblar un pueblo de españoles dentro del término que le fuere puesto en su assiento que por lo menos tenga treynta vecinos y que cada uno dellos tenga vna cassa de diez vacas de vientre, quatro buyes o dos buyes y dos nouillos y vna hiegua de vientre, çinco puercas de vientre y seis gallinas y un gallo, veinte ovejas de vientre de Castilla, y que terna clerigo que administre los sacramentos y probeera la yglesia de ornamentos y cossas necesarias al seruicio del culto divino y dara fianças que lo cumplira dentro del dicho tiempo. Si no lo cumpliere que pierda lo que huuiere edificado labrado y granjeado y que sea para nos y mas que incurra en pena de mill pessos de oro se le den quatro leguas de termino y territorio en quadra o prolongado segun la calidad de la tierra acaeçiere {Interlineado: "a ser"} de manera que en qualquiera manera que se deslinde venga a ser quatro leguas en quadro con que por lo menos disten los limites del dicho territorio cinco leguas de qualquier çiudad villa o lugar despañoles que antes estuuiere poblado y con que sea en parte adonde no pare perjuizio a qualesquier pueblos de españoles o de indios que antes estuuieren poblados ni de ninguna persona particular.

El dicho termino y territorio se reparta en la forma siguiente: saquese primero lo que fuere menester para los solares del pueblo y exido competente y dehesa en que pueda pastar abundantemente el ganado questa dicho que han de tener los vezinos y mas otro tanto para los propios lugares, el resto del dicho territorio y termino se haga quatro partes la vna dellas que cogiere sea para el questa obligado a hazer el dicho pueblo y las otras tres se repartan en treynta suertes para los treynta pobladores del dicho lugar.(La ortografía es la original del documento)

Morales Padrón, Francisco. Teoría y leyes de la conquista. Ediciones Cultura Hispánica del Centro Iberoamericano de Cooperación, Madrid, 1979, pp. 489-518.
Por fuera del área urbana se establecieron diferentes tipos de territorios, según su destino y función. Las Tierras de Realengo, propiedad del rey que cedió como Resguardo a los indígenas, considerados como sus vasallos, para que obtuvieran su sustento y donde se debían establecer como pueblos de indios. Las Tierras de propios, territorio disponible por el Cabildo para alquiler o establecimiento de las tierras para pastura y para el degüello de ganado. Ejidos de la ciudad, territorio al servicio de los vecinos para actividades cotidianas como el pastoreo de terneros antes del ordeño, obtención de leña y agua, recreación y refugio para los más pobres. Y territorio de Mercedes de tierras que se asignaban a los habitantes que ya tenían solares urbanos con la condición de ponerlas en producción agropecuaria antes de dos años o su retorno a manos del rey.

Instituciones de la ciudad


Las principales instituciones de la ciudad fueron: el cabildo y la encomienda. El Cabildo, se conformaba mediante votación cada primero de enero por parte de los vecinos “feudatarios”, aquellos que poseían solar en el área urbana y mercedes de tierra. En esta oportunidad se elegían los miembros del Cabildo, el Alcalde de Primer Voto y el Alférez Real; después, al interior del Cabildo se decidían las otras dignidades tales como Alcalde de Segundo Voto, alguaciles y el Protector de Menores. En el siglo XVIII se añadirán alcaldes pedáneos o de partido, especialmente para realizar los censos de población o padrones, quienes además ejercían funciones menores, establecidas por el cabildo de las ciudades, para una jurisdicción pequeña (barrio o cuartel, sitio, caserío o aldea).

La encomienda fue un instrumento que utilizo la Corona para dejar bajo su protección al indígena como mano de obra, haciéndolo su siervo y por lo tanto tributario del Rey quien, de acuerdo con las obligaciones establecidas por la Iglesia, debía de cuidar por su bienestar espiritual, al tiempo que aprovechaba esta obligación para realizar un proceso de aculturación. Se debió entonces facilitar el adoctrinamiento católico y la aculturación españolizante mediante el nombramiento de curas doctrineros que debían ser pagados por vecinos – llamados encomenderos - a quienes el Rey encomendaba para recaudar los tributos, pagar los curas y ejercer alguna tutela sobre los indígenas. El indígena debió pagar estos tributos en dinero, en especie o en servicios. El pago del dinero era escaso y por lo tanto, aunque la tasación se hacía en pesos, se estableció un equivalente en especie de acuerdo con las características productivas de cada resguardo.

En la práctica, y donde fueron numerosos los indígenas sometidos, la encomienda fue utilizada fundamentalmente para la explotación de la fuerza de trabajo. En el caso del valle del río Cauca, la conquista dio lugar a una catástrofe demográfica que agotó en pocos años la población indígena y por lo tanto fue débil y de poca duración la aplicación de la encomienda.

Otra obligación impuesta al indígena fue la llamada mita urbana, mediante la cual el cacique o gobernador señalaba algunos miembros de la comunidad para que realizaran las tareas requeridas en la ciudad: construcción de iglesias, casas, caminos y otras obras públicas.