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Crecimiento económico 1969–1999

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Tomado de: Valle del Cauca aspectos geográficos. IGAC, Bogotá, 1988, p. 98.
ECONOMÍA VALLECAUCANA: FINALES DEL SIGLO XX

“El desarrollo agrícola moderno, productor de insumos para la industria, desplazó la producción de bienes de pan-coger producidos en pequeñas unidades campesinas. El Valle del Cauca se fue convirtiendo en comprador neto de estos productos agrícolas y vendedor de productos agro industriales.
La industria naciente, ligada a la modernización agrícola, ocurre en el contexto nacional caracterizado por el emergente modelo de industrialización sustitutiva de importaciones (ISI), basado en el crecimiento del mercado interno y el proteccionismo aduanero que impulsó el ingreso de inversiones extranjeras productoras de bienes protegidos. En esta época un fuerte flujo de inversión extranjera con su importante transferencia tecnológica aceleró el crecimiento económico del Valle del Cauca.”

Vásquez, Edgar.Economía Vallecaucana: finales del siglo XX. Material inédito, Cali, 2010.
La dinámica del crecimiento económico del Valle del Cauca en la segunda mitad del siglo XX, puede observarse en un proceso en el que el área rural experimentó cambios en las diferentes fases de la producción agrícola, creciente en el período, y a la par, introductoria de adecuaciones tecnológicas en los cultivos que generaron necesidades técnicas, herramentales, nuevas labores y oficios.

Estos requerimientos, atendidos por las ciudades y pueblos vecinos del establecimiento fabril, generaron actividades ligadas a los desarrollos técnicos. En la satisfacción de estas necesidades del campo, los talleres urbanos promovieron una intensificación y un reordenamiento de los núcleos urbanos los que, articulados ya a las diferentes vías y formas de transporte, hicieron del Valle, al finalizar el siglo XX, una región con características dominantemente urbanas, en tanto la vida cotidiana, así fuera en el campo o en caseríos, alcanzó niveles aceptables de bienestar.

Estas características permiten reconocer cuatro zonas o subregiones en el Valle del Cauca: Zona Sur, Zona Centro, Zona Norte y Zona Pacífico, en las cuales se cumple lo señalado anteriormente, con características diferentes dependiendo en buena medida del tipo de cultivos permanentes, cultivos semestrales y cultivos ligados a la auto-subsistencia, pero fundamentalmente, por el tipo de cadenas productivas dominantes. Esto con un alto contenido cultural, expreso en la tradición culinaria y en las manifestaciones folclóricas de la música, la danza y la poesía popular.

Una rápida observación del cuadro estadístico y la grafica que acompaña este texto, permite develar el proceso expansivo de unos productos en detrimento de otros, la especialización subregional de la producción y la relación entre los cultivos dominantes en las subregiones y los desarrollos empresariales e industriales en las cabeceras municipales, inducidos por los adelantos agroindustriales del sector rural.



Zona Sur

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Tomada de: Valle del Cauca, medio siglo de riqueza 1910 – 1960. Bonnier-Molina Ltda., Medellín, 1960
Entendemos por zona sur del Departamento del Valle el área comprendida por los municipios de Jamundí, Santiago de Cali, Yumbo, Vijes, La Cumbre, Restrepo, Palmira, Florida, Pradera, Candelaria y El Cerrito.

La ubicación histórica, económica y sociopolítica de Cali hace de ésta una zona privilegiada frente a las demás pues, tanto en el periodo colonial como en el siglo XX, Cali ha sido, hasta hoy, el centro de transporte y por lo tanto referente comercial de todo el Departamento. Esto, unido a su condición político-administrativa de capital, le ha permitido concentrar los desarrollos económicos y la atención general de la región y el país que opacan, con frecuencia, los avances de otros núcleos poblacionales de la zona y del Departamento.

La cadena dominante en esta zona es la que se desenvuelve a partir de la producción azucarera, coexistiendo con el desarrollo empresarial.

En el caso de Palmira, la producción azucarera no ha limitado su influencia a los aspectos estrictamente agrícolas; por el contrario, ella indujo la multiplicación de los ingenios, el crecimiento urbano, los talleres de metalmecánica y un nutrido comercio. Todo ello dirigido a la prestación de servicios para los mismos ingenios, a otras actividades económicas y a la atención de la población migrante atraída por las nuevas fuentes de trabajo.

Este crecimiento de la producción de azúcar se hace a expensas de otros productos de auto-subsistencia que van disminuyendo su área cultivada, en la medida en que crece la caña de azúcar, obligando a traer de otras regiones los productos desplazados.

Así, se puso en práctica una forma diferente en la selección de la semilla, una utilización más eficaz y menos costosa en la preparación de la tierra al cambiar los bueyes por tractores, a lo que se sumó un mayor cuidado en la selección y recolección del producto. Esto implicó la necesidad de nuevas herramientas que, al principio se adquirieron en el exterior, pero posteriormente fueron producidas en talleres locales.

Al pasar de la recolección del producto con carretillas tiradas por bueyes, o mulas, a la misma actividad realizada con tractores, resultó la necesidad inmediata de la introducción de elementos eléctricos, de mecánica diesel, metalmecánica, repuestos y mantenimiento de maquinaria.

El incremento de la utilización de maquinaria y tecnología fue extinguiendo los rastros administrativos de la hacienda y del primer ingenio, en una distinción entre trabajadores de campo, trabajadores de la planta fabril y empleados administrativos. Las nuevas relaciones de trabajo y adecuación de la tierra impulsaron a los ingenios a establecer algunos núcleos de población fuera y cerca del ingenio como Amaime, El Placer, Boyacá, La Paila y La Tupia.

Posteriormente, la intensificación del proceso tecnológico condujo a que los trabajadores se establecieran en las ciudades cercanas como El Cerrito y Palmira, y los ingenios ofrecieran el servicio de transporte diario hacia estas poblaciones.

El traslado masivo de los trabajadores hacia los pueblos, el desarrollo de los talleres industriales y la migración produjeron en estos municipios un crecimiento acelerado, a la par de un reordenamiento urbano, introduciendo una jerarquización social sustentada en la capacidad adquisitiva y en la jerarquía de los oficios ocupados en la empresa. Hacia 1938 el municipio de Palmira contaba, según el censo de ese año, con 44. 789 habitantes de los cuales el 47.2% vivían en el área urbana y el restante, 52.8 %, en zona rural. Veintiséis años después, en 1964, de un total de 140.889 habitantes, la población urbana pasó de 42.7% a 75.6 % y la rural de 52.8% a 24.4%. Estos datos muestran cómo la dinámica industrial y económica, mencionada anteriormente, introdujo una tendencia al crecimiento urbano a expensas del desplazamiento de la población rural.

Los años 1938 a 1964 muestran cambios tecnológicos, expansión de los cultivos de caña de azúcar, migración y una considerable urbanización del municipio.

Una variante de este mismo proceso se presenta en el caso de Yumbo y Vijes. Estos municipios, localizados en la banda occidental del río Cauca, donde la parte plana es más estrecha que la banda oriental y más joven en términos geológicos, hicieron que la pobreza de su capa vegetal fuera suplida por su riqueza mineral. En consecuencia los yacimientos de caliza de Yumbo y Vijes fueron aprovechados, desde los comienzos de la modernización, para instalar allí una fábrica de cementos, entonces llamada Cementos del Valle, seguida de fábricas como Icollantas; todas ellas localizadas en Yumbo para el servicio de la industria vallecaucana. Este emplazamiento fue determinante en la instalación del primer terminal del oleoducto y el montaje de una termoeléctrica para surtir a la región. La función de estos dos municipios en la zona fue la de abastecer a la región de energía y de insumos para la construcción, fundamentales en el despegue industrial del Valle.

Zona centro

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Entrada de la fábrica Solla en Buga. Foto Tomada de: Valle del Cauca aspectos geográficos. IGAC, Bogotá, 1988.
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Entrada de la fábrica de Nestlé en Bugalagrande. Foto Tomada de: Valle del Cauca aspectos geográficos. IGAC, Bogotá, 1988.

La zona central comprende los municipios de Ginebra, Guacarí, Calima-Darién, Buga, Yotoco, San Pedro, Tuluá, Ríofrio, Trujillo, Andalucía, Bugalagrande, Zarzal, Bolívar y El Dovio.

Esta zona que casi corresponde a los términos de la antigua ciudad de Buga, al recibir un influjo tardío del ferrocarril y los programas de desarrollo diseñados a partir de la creación del Departamento, mantuvo una producción diversa que, con el tiempo, también fue afectada por el incremento del número de los ingenios y la expansión del cultivo de la caña de azúcar. Sin embargo, al ocupar un área donde empieza a estrecharse el valle geográfico fue, inicialmente, menos apetecida para la producción azucarera y si pudo mantener una producción ganadera, hortense y de cereales. A la larga, se privilegiaron las oleaginosas retardando la expansión de los cultivos de caña de azúcar y dando lugar al surgimiento de la industria de aceites y alimentos para animales.

En este proceso se destacan dos polos alrededor de dos ciudades principales: una, Buga, caracterizada por una industria de aceites y alimentos para animales; y la otra, Tuluá, con una actividad comercial aglutinadora de la producción y de la población de las áreas plana y de montaña que la comprenden.

La diversidad de cultivos que son materia prima para la obtención industrial de aceites, permite una producción variada que facilita la rotación de cultivos semestrales, dentro de los que se destacan la soya (en un principio), maíz, sorgo y girasol que, simultáneamente, sirven para la elaboración de alimentos concentrados para animales, derivando así hacia la cadena avícola, piscícola y porcicola. Tanto el cultivo de las oleaginosas como el desarrollo de las cadenas mencionadas demandan la fabricación de maquinaria y elementos propios de estas líneas de producción, generando un desarrollo de talleres especializados, básicamente en Buga y algo en Tuluá. En esta última ciudad la actividad agropecuaria es similar a la de Buga. Pero por su emplazamiento en relación con la vía férrea que conduce a Cartago y el ramal Nacederos-Armenia y su condición de estación obligada en el transporte de carga, desde el Quindío y Antioquia por carretera, Tuluá se convirtió en un puerto seco no planificado. Este municipio contaba en 1964 con 80.394 habitantes de los cuales el 70.3% vivía en el área urbana; tendencia que se mantiene en 1985, cuando el número de habitantes fue de 123.276, correspondiendo el 82.5% a la población urbana.

Aparte de estos polos, es necesario señalar el desarrollo de dos municipios que, a partir de su producción local y el establecimiento de industrias transformativas, logran una cierta notoriedad en la relación campo-ciudad en esta zona. Ellos son Bugalagrande y Ginebra. En esta última, hacia mediados del siglo XX, tuvo lugar una intensa producción arrocera con su correspondiente instalación de varios molinos y la consolidación de un poblado que se caracteriza por albergar la mayor parte de la fuerza de trabajo del campo que se desplaza diariamente hacia los sembrados. Esta localidad, fundada con el nombre de Playas en 1909, y reconocida como municipio de Ginebra en 1949, contaba con una población urbana de 2.339 habitantes en 1943. En 1964 tenía 3.416 habitantes urbanos; en 1985, Ginebra ha elevado su población total a 14.638 habitantes, de los cuales el 38.3% se encuentra en la zona urbana. Aunque el grueso de la población tiende a urbanizarse, persiste un número considerable de personas en la parte rural.

Bugalagrande es aparentemente un caso atípico puesto que, en la primera apreciación, pareciera que es la instalación de una empresa trasnacional la que induce los comienzos del desarrollo urbano y crecimiento del poblado. En realidad, su ubicación histórica en los Llanos de Buga, abastecedores de carne de las minas del Chocó, le dieron al área correspondiente a este municipio, y al de Andalucía, una vocación ganadera y de alguna producción de plantas oleaginosas. Un caso relevante es el proceso de selección de ganado y tecnificación de la leche en la hacienda Lucerna. Estas condiciones hicieron atractivo el sitio para ubicar instalaciones fabriles de productos lácteos llamada en un comienzo Cicolac, hoy Nestlé, y de productos alimenticios con la denominación comercial de Inpa.

La conquista rápida de un mercado regional y nacional extendió la obtención de materias primas a los municipios vecinos del Valle y al impulso de la producción ganadera en la zona montañosa vecina, mediante la construcción de vías de penetración y la garantía de transporte de la leche. Complementariamente, en Bugalagrande y en Tuluá, surgieron algunos talleres de mecánica automotriz y de repuestos de maquinaria industrial.

La presencia de la fábrica fortaleció a Bugalagrande incrementado su población, dependiente en términos laborales de Cicolac. El municipio, que contaba en 1938 con 11.215 habitantes, creció en los siguientes 32 años hasta prácticamente duplicar su número, pues hacia 1970 contaba con 22.684 pobladores. Uno de los impactos significativos de la llegada de la multinacional Nestlé a Bugalagrande con sus plantas de Cicolac e Inpa fue la transformación de los oficios, donde campesinos acostumbrados a labores netamente agrícolas, pasaron a desempeñar labores técnicas que, con el tiempo, les darían habilidades asimilables a una fuerza laboral altamente calificada. La necesaria rotación de fuerza de trabajo propició una limitada migración hacia la población, la cual fue absorbida, en parte, por la planta urbana tradicional que ha tenido una expansión, también limitada, y un ordenamiento urbano donde los vecinos antiguos ocupan el tradicional trazado urbano y las nuevas generaciones se establecen en la periferia, en nuevos barrios.

Zona norte

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Foto de: Luis Ángel Murcia. Tomada de: Revista Semana, Suplemento. El poder del Valle. 2010.
Sevilla, Caicedonia, Alcalá, Ulloa, Versalles, Ansermanuevo, La Unión, Toro, Argelia, El Águila, El Cairo, Cartago, Obando, Roldanillo y La Victoria comprenden la zona norte.

En el norte del Departamento se pueden establecer dos áreas de producción agrícola. En una de ellas la mayor parte de la superficie está sembrada con café como es el caso de Cartago, Sevilla, Caicedonia, Alcalá, Ulloa, Argelia, El Águila, El Cairo y Versalles. La producción de cítricos y frutas ocupa, de manera significativa, áreas en La Unión, Toro, Ansermanuevo, Obando, La Victoria y Roldanillo.

La economía del norte, siendo diversificada, empezó a modificarse por la tendencia de la tecnificación de algunos productos frutícolas y la viticultura. Obedeciendo a la necesidad de adecuar sus terrenos, altamente anegadizos, para una producción intensiva, abocó la construcción del sistema de riego y control de inundaciones RUT (Roldanillo, La Unión, Toro) y el programa de acueductos regionales SARA-BRUT, que articula diversos municipios.

Sin embargo, en ese sector persisten cultivos de auto-subsistencia que sirven de frontera al café. Esta zona y parte de la zona central proveen de alimentos a las zonas de monocultivos de café y caña de azúcar.

Cartago funge como polo de desarrollo de esta zona. Aunque carece de una amplia área rural, su ubicación frente al Eje Cafetero y estación nodal del ferrocarril del Pacifico, le permitió recoger la producción cafetera y realizar labores de trilla del café para lo cual ha consolidado varias empresas. Simultáneamente ha desarrollado un comercio dirigido al abastecimiento de abonos, fertilizantes e insumos necesarios para la producción cafetera. La tendencia a constituirse como polo de desarrollo se expresó, también, en un aumento considerable de la población en general y preferiblemente en la zona urbana. Hacia 1938, según el censo de ese año, Cartago tenía 21.919 habitantes, de los cuales el 67.2% vivía en el área urbana; en los siguiente años esta característica continuó: en 1985, además de cuadruplicar su población a 106.345 habitantes, el 94.3% vivía en la zona urbana.

Aparte de Cartago, en el área urbana en el área montañosa de esta zona, el tipo de producción estrechamente vinculada a la pequeña y mediana propiedad, ha conservado la relación campo ciudad en una estructura tradicional donde el proceso de urbanización es débil.

Sobre la Cordillera Central, pero haciendo parte de la zona norte, se encuentran los municipios cafeteros de Sevilla, Caicedonia, Alcalá y Ulloa. La primera de estas es reconocida a nivel nacional por su alta producción y calidad del grano. Los municipios de Alcalá y Ulloa tienden a mantener su población en la zona rural con 58% del total de sus habitantes y, entre 1964 y 1985, los pobladores rurales constituyen el 69% del total. Para el caso de Sevilla y Caicedonia, la población tiende a concentrarse en la zona urbana, con alrededor del 60.5% y 64.5% de habitantes urbanos, respectivamente, entre 1964 y 1985.

El estar apartados del eje vial, férreo y carreteable, explica en parte la lenta incorporación de los municipios de la franja occidental del río Cauca, de la zona norte, al proceso de modernización en el Valle. Hasta la década de los sesenta la producción agrícola se mantuvo ligada a la pequeña y mediana propiedad con cultivos para la auto-subsistencia y pequeños excedentes para el mercado local.

Poco a poco esta producción empezó a ser desplazada por la uva que fue y sigue siendo recogida en su fuente y aprovechada como materia prima por empresas que transforman la uva en vinos y otros derivados. En un proceso similar otros cultivos de frutas fueron intensificados y tecnificados, inicialmente para ser llevados a mercados locales y regionales. Las exigencias de conservación y empaque del producto obligaron al establecimiento de bodegas adecuadas, al tiempo que se lanzaban al mercado nacional en la distribución de productos elaborados como la pulpa de las frutas, jugos de frutas y, aún, vinos de frutas. Todo ello con un desarrollo paralelo y más fuerte de una industria vitícola que exigía instalaciones, maquinaria y procesos que, sustentándose en la recolección de muchos productores y cierta expansión de las áreas sembradas, dieron origen a los depósitos del producto, almacenes, talleres y una creciente actividad turística en el municipio de La Unión.

La dinámica poblacional muestra que, hacia 1964, el municipio tenía 15.577 habitantes, de los cuales el 52.8% vivía en el área urbana. Esta tendencia se mantenía hasta 1985, cuando el 65.6% de una población de 21.709 habitantes se ubicaba en el área urbana.

Zona pacífica

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Zona de Cargue y descargue, Muelle de Buenaventura
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Fotos Tomadas de: Valle del Cauca aspectos geográficos. IGAC, Bogotá, 1988.

EL PACIFICO VALLECAUCANO Y BUENAVENTURA HOY

“Buenaventura ha sido en el Pacífico un polo de atracción, con ello queremos decir que los importantes contingentes de población y sus altas tasa de crecimiento se deben no solo al crecimiento vegetativo, también a la inmigración. Hacia los años 50 y siguientes, cuando se da un importante proceso nacional de migración rural-urbana, la tasa de crecimiento del puerto llegó al 6%, en los años 80 conserva aún un importante 4%, al llegar al 2003 el crecimiento todavía alcanzaba el 3%. Ello nos indica, indirectamente, que inicialmente en la ciudad original (la isla) la densidad de población y el hacinamiento eran altos; hoy, luego del crecimiento en el continente, Buenaventura cuenta con algunos barrios consolidados, pero también numerosos barrios precariamente instalados y carencia de infraestructura básica.”

Valdivia, Luis. El Pacífico vallecaucano y Buenaventura hoy. Material inédito. Cali, 2010.
La zona pacífica, como las demás del Departamento, tiene un centro: el puerto de Buenaventura. La isla de Cascajal, núcleo original del poblado, es el lugar de concurrencia de los productos, resultado de las dinámicas de la puesta en producción artesanal, tanto de la riqueza ictiológica marina como de los recursos madereros y auríferos. La especial condición geográfica de Buenaventura como bahía en el centro del litoral pacífico colombiano, hacia donde fluyen población y mercancías por ríos y esteros, con un terminal terrestre de pasajeros y carga del interior del país, y un muelle marítimo en la cuenca del Pacífico, le dieron el privilegio de ser el único contacto del interior del país con los países de la cuenca del Pacífico. Al desarrollarse el interior del Departamento, esta zona se hizo indispensable para conquistar un mercado nacional para los productos que por allí pudieran entrar y para abrir mercados internacionales de la producción nacional. Este tránsito de mercancías, unido a la incorporación de la escasa producción nativa, en su inserción al mercado regional, obligó a establecer instalaciones portuarias y comerciales de crecimiento rápido en la primera mitad del siglo XX en la isla de Cascajal. En la segunda mitad de este siglo, una vez fortalecido el puerto con el tránsito del café y el desarrollo agroindustrial del Valle, se dieron las condiciones para el surgimiento de empresas madereras y pesqueras, aunque valga decirlo, con una limitada expansión.

Buenaventura se ha caracterizado por concentrar su población en zona urbana que, hacia 1964, contaba con 96.708 habitantes de los cuales el 72.5% eran urbanos. En 1985 elevó su población a 212.771 habitantes, manteniendo un 82% en la zona urbana.

Dagua, el otro municipio de la zona pacífica, apenas cumple el papel de sitio de tránsito obligado en la carretera y ferrocarril entre Cali y Buenaventura. Su actividad económica cada vez se liga más a la recreación y el turismo que realizan los caleños cada fin de semana. Restaurantes, ventas de dulcería y el cuidado de las fincas de recreo constituyen fuente de trabajo para esta población que, en su mayoría, es rural. La población total tiende a mantenerse constante lo mismo que su composición. En el año 1964 contaba con 25.508 habitantes, de los cuales el 81.8% vivían en zona rural. Hacia 1985 Dagua muestra una leve urbanización aunque mantiene una predominancia de la población rural, 76.5%, de un total de 31.466 habitantes.