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El establecimiento colonial en el valle del Cauca

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Fuente: Álbum Comisión Corográfica, Vol. I, p. 47
DESCRIPCIÓN DE LA ESTANCIA DE BUGALAGRANDE 1640

“\…\ es imposible porque así estén muchos vaqueros el ganado que pasa de dos mil se desparrama por todo el llano de Bugalagrande.

el ganado de este llano de Bugalagrande esta alzado y cimarrón porque no se puede vaquiar ni recoger a rodeo ni corral y los que comen por la parte de abajo hacia Cauca esta muy flaco y se muere mucho ganado por su flaqueza y si se quiere encerrar sería de mucho daño y mortandad que seria imposible el poderlo hacer

los vaqueros son vaquianos en este llano y saben los comederos y abrevaderos de los dichos ganados y se haga con mucha brevedad porque con las muchas lluvias están los montes y las ciénagas lleno de agua con lo cual el dicho ganado esta fuera en la sabana

Archivo Histórico de Buga.Mortuorias, bienes de Diego Rengifo Salazar en Buga, M56B.
A la fundación de las ciudades, le sigue un proceso de organización y consolidación institucional y el asentamiento de un grupo humano que, poniendo en producción las diferentes áreas de la región, distribuye las ciudades de acuerdo con las funciones que -en el primer momento- se perciben como dominantes en cada una de ellas. De esta manera, durante la conquista y los primeros años del asentamiento colonial, fue importante ocupar los territorios indígenas cuyo saqueo había sido más abundante en oro y que prometía mayor rendimiento frente a una eventual organización de la extracción de oro de minas. Anserma, Cartago y Toro ejemplifican de la mejor manera este caso.

Este saqueo dejó establecimientos mineros, detectados en el hervor de la conquista, que debieron ser abastecidos por territorios que, aunque no tuvieran tanta producción aurífera, si pudieran rápidamente servir de proveedores de alimentos, especialmente carne de vacunos y porcinos, para las diferentes ciudades y las minas. Estas condiciones dieron lugar al surgimiento de las estancias, especialmente, en la banda oriental del río Cauca.

Igualmente la circulación de oro, de productos agropecuarios y de algunas mercancías, necesitó de un centro o nodo de comunicación y comercio que articulara las diferentes ciudades y buscara una salida desde Cali al mar para comunicarse con la metrópoli española.

Este acomodo económico de la región, vinculado a los procesos de conquista, produjo el desplazamiento de algunos grupos indígenas del pie de monte hacia las partes altas de las cordilleras; mientras que la mayoría de los aborígenes de la suela plana del valle se enfrentaron a muerte con los conquistadores y, por razones culturales o por enfermedades, disminuyeron a tal proporción que produjeron una catástrofe demográfica, manifiesta en la escasez de mano de obra indígena en el primer siglo de existencia colonial.



Establecimientos mineros


Aunque en los territorios del actual Departamento del Valle había minas tanto en el norte como en el occidente costanero, las conquistas del siglo XVI concentraron la explotación en los lugares con indicios mayores de una buena producción aurífera. Estas zonas correspondían a las jurisdicciones de las ciudades coloniales de Anserma, Cartago y Toro. A pesar de que el primer contacto se dio entre Miguel Muñoz y una indígena cargada de oro a orillas del río La Vieja, que despertó la imaginación española sobre la riqueza de esta área, la primera ciudad que se fundó en el norte del valle geográfico fue Anserma (1539), sitio en el cual se detectaron los primeros yacimientos auríferos. Al mismo tiempo se intensificaba la acción militar sobre los Quimbayas, excelentes orfebres, en cuyos territorios se fundó Cartago (en terrenos del área urbana del actual Pereira) en el año de 1540. Entre tanto, la expansión conquistadora se dirigió al Chocó el cual resultó ser irreductible por la férrea resistencia indígena y la inclemencia del clima; no obstante, se alcanzaron a establecer algunos yacimientos al pie del cerro de Tatamá que, posteriormente, propiciaron la fundación de la ciudad de Toro en 1573. Precisamente las dificultades anotadas forzaron el traslado de esta ciudad al lugar que hoy ocupa, en 1585.


Las estancias.


Al sur de Cartago y sobre la banda oriental del río Cauca se extiende la mayor parte de una planicie amplia, fértil y naturalmente irrigada por una red de ríos, quebradas, ciénagas, madreviejas y canales que la comunican con el río Cauca. La alternancia entre el verano y el invierno regulaba las áreas inundadas dejando una franja apreciable del piedemonte y planicie en condiciones de humedad propicias para la producción agropecuaria. Ante la necesidad de abastecer las ciudades mineras del norte, se introdujeron especies vacunas, equinas y porcinas de fácil reproducción y que contribuyeron a la ampliación de tierras para el pastoreo y la agricultura.

La puesta en producción agraria o pecuaria de la tierra que exigía la disponibilidad de una fuerza de trabajo, escasa entre la población nativa, obligó a utilizar formas de explotación que requirieran pocos trabajadores (vaqueros) para grandes extensiones y con productos que satisficieran el consumo local y un excedente amplio para abastecer las minas.

Estas condiciones, con los dueños de la tierra habitando las áreas urbanas de la ciudad, hicieron que la primera explotación rural fuera la estancia, establecimiento ganadero que exigía una mínima construcción para los pocos pastores del ganado y no requería la presencia permanente de los propietarios.


Comunicación y comercio


LOS CAMINOS

“El camino es, en toda sociedad humana, la señal y la vía para el intercambio, para lo que en la vida familiar sería la exigencia diversificadora de la exogamia. Intercambio de productos, en primer lugar, que supera diferencias en condiciones naturales o en estructuras productivas, para introducir en el consumo de la comunidad esas diferenciaciones y enriquecerlo con la variedad. Pero sobre todo, de experiencias culturales, de técnicas, habilidades, conocimientos y sorpresas, de descubrimientos: la otra comunidad, la otra aldea, la otra región, es la que hace cosas diferentes. Conocer a sus miembros, tener negocios con ellos, establecer lazos a través de la familia o los proyectos políticos o la fuerza misma, es descubrir que las formas de vida no son las únicas posibles; que los hombres no hacen las cosas según la naturaleza sino según la cultura, según lo que aprenden y crean. Poder tener relaciones con el pueblo vecino es poder establecer también una comunidad, sentirse miembro de un grupo que habla el mismo idioma y comparte algunas pasiones y hasta algunos odios; sin el camino, sin el correo, no se configura esa comunidad imaginada que es la nación”.

Melo, Jorge Orlando. “Los caminos reales: Retrato viviente de una especie en extinción.” En: Caminos Reales de Colombia. Fondo FEN-Colombia, Bogotá, 1995, P. 13.

Es propio del establecimiento colonial, en áreas amplias, el procurar la comunicación entre las diferentes comunidades que se establezcan con otros núcleos distantes. Sin embargo la forma de penetración especial de la colonización española en el valle del río Cauca fué particularmente dinámica al buscar los necesarios vínculos con el exterior. En nuestro caso, los establecimientos se configuraron a manera de rosario y sus funciones se distribuyeron en forma más o menos especializada. Esto hizo que se adelantara, simultáneamente, la construcción de una red interna de caminos, fundamentada en la producción de oro y la sustentación de la misma, y la organización de cargadores aborígenes (acémilas) que aprovechara los caminos indígenas para la comunicación con el exterior por Buenaventura y, así, lograr contacto a través de Panamá con el Caribe, núcleo fundamental del comercio del imperio en América, y con la autoridad real en la metrópoli. Posteriormente, se busco unir esta red con la vía que ligaba la región tanto con Santafé como con Quito.

El motor de la dinámica comercial inicial de la región se constituyó por el intercambio obligado del oro, producto del saqueo a las comunidades indígenas y alguna explotación de minas en el norte del valle, con las estancias del centro del valle que abastecían aquellas minas con sus productos pecuarios. Como las Cajas Reales estaban ubicadas en Cali, con una sufragánea en Cartago, el comercio de oro en polvo y del recién fundido irrigó toda el área constituyendo a Cali como el nodo de comunicación y comercio para toda la Gobernación de Popayán.

La comunicación indispensable entre los centros de producción y las vías de distribución del producto y del intercambio fue creando una red de caminos que se articuló a la comunicación de todos los dominios españoles en Suramérica, a través del camino de la Carrera de Indias que hizo de eje de convergencia de los caminos regionales.

Caminos.


Cartago fué el establecimiento español más próspero de la conquista en la Gobernación de Popayán, debido a su alta producción aurífera y por ser la sede de una sufragánea de las Cajas Reales, donde debía fundirse y marcarse todo el oro de la región. Por ello se hizo esencial el aprovechamiento de caminos que desde Cartago comunicaran con Santafé y con la producción minera de las estribaciones de la Cordillera Central en el valle del Magdalena, especialmente las minas de Mariquita, oro que debía declararse, fundirse y marcarse en la Caja Real de Cartago.

El trazado de un camino que realizara esta comunicación se inició con una ruta que, partiendo de Mariquita, se dirigía por la contracorriente del río Guarinó hasta el Páramo del Ruiz para, bajando por el río Chinchiná, buscar la ciudad de Cartago, entonces ubicada en el lugar que hoy ocupa Pereira. Pronto esta vía se mostró muy dificultosa y se buscó el tránsito desde Honda y Mariquita hacia Ibagué y, de allí, atravesando la Cordillera del Quindío, se arribaba a la misma ciudad de Cartago. Posteriormente, habiéndose trasladado Cartago de su lugar de origen al lugar que hoy ocupa, se llegó a una ruta que sería definitiva para el período colonial y que modificó su trayecto con el trazado de Ibagué a Cartago Nuevo, pasando por el lugar que hoy ocupa el municipio de Alcalá.

El proceso de conquista abrió la exploración hacia el norte, por parte de Jorge Robledo, quien a partir de la fundación de Cartago fundó las ciudades de Arma y Antioquia. Esta expansión generó un camino mixto en el que algunos tramos se hacían por el río Cauca y otros por tierra, paralelos a él. Desde la primera entrada, Belalcazar se preocupó por encontrar una salida al mar. El resultado fue el conocimiento de la bahía de Buenaventura y los ríos que desembocan en ella donde empezaron a fondear los barcos, sin llegar a establecerse un puerto propiamente dicho. Este camino favoreció el comercio con Panamá y, desde finales del siglo XVII, facilitó la distribución de abastecimientos procedentes de las haciendas del valle para las minas del Raposo en el Pacífico, lo que convirtió a Cali en el nodo de comunicación de todo el valle y de éste con Popayán y Pasto hacia el sur. Este camino favoreció el comercio con Panamá y, desde del siglo XVII, facilitó la distribución de abastecimientos procedentes de las haciendas para las minas del Raposo, lo que convirtió a Cali en el nodo de comunicación de todo el valle y de éste con Popayán y Pasto hacia el sur, vinculando el circuito económico de esta región con la dinámica continental generada a lo largo del camino de La Carrera de Indias. Este último, en su condición de Camino Real, no era más que un camino de herradura con algunas partes empedradas y otros tramos por ríos y ciénagas, que intentaba comunicar el puerto mayor de Las Indias, Cartagena, hasta Valparaíso en Chile. Por el circulaban todas las mercancías llegadas de Europa y salía la producción legal de oro y plata, tanto de Cajas Reales como de particulares.

El tramo de la Carrera de Indias en el valle del río Cauca partía de Cartago, pasaba por Buga y por Caloto hacia Popayán; este trayecto marginaba a Cali de esta importante vía, lo que hizo necesario facilitar el tránsito por Cali, partiendo desde Buga atravesando el río Cauca, bien por el paso de La Torre o por el Paso de Los Piles (hoy Paso del Comercio) y siguiendo, vía Jamundí, atravesaba las ciénagas del Paso de La Bolsa hasta Quilichao donde retomaba dicha ruta en su sentido sur.


Catástrofe demográfica


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Fuente: Indigenas atacados de viruela. Historia de Colombia, Tomo III, p. 616.
RESISTENCIA INDÍGENA. ATAQUE A LA FUNDACIÓN ESPAÑOLA DE SAN VICENTE DE PÁEZ

“Al mismo tiempo y hora que dieron estos indios en la ranchería, acometieron a la nueva población de San Vicente otros dos mil guerreros, que la hallaron con mayor cuidado de centinelas y rondas de a caballo que, sintiendo ruido y dando arma, despertaron los vecinos y metieron en el fuerte los niños y mujeres y lo que con la prisa pudieron arrebatar del menaje y cosas de casa que pudieron hallar más a mano, entrándose también con la prisa que pudieron todos con sus armas y caballos y algunas vituallas, dejando desamparado el pueblo. En quien, entrando los bárbaros, en un punto le pusieron fuego, que de paja en ese mismo quedó convertido en pavesa, no sin grave dolor, congojas y angustias de los cercados, por verse lo estaban de tantos bárbaros y solos treinta aptos para resistirles”.

Fray Pedro Simón. Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las Indias Occidentales, Tomo V, Volumen 107, Banco Popular, Bogotá, 1981, P. 445.
La presencia europea en América creó múltiples conflictos y situaciones desfavorables para los indígenas que produjeron una reducción drástica de la población pre-existente en el continente, lo que expertos en demografía han calificado como la catástrofe demográfica. Este fenómeno, aunque cubre todo el continente, presenta características y causas distintas tanto por la diferencia de colonización entre Norte y Sudamérica, como por diferencias regionales en Hispanoamérica. El valle del río Cauca es un caso en el que se dio uno de los más drásticos descensos en la población, causado por el choque militar de la invasión, las guerras de resistencia, el trabajo forzado, la modificación de la dieta, desgano vital (o pena moral colectiva), la destrucción de las formas de organización social y las epidemias que, como la gripa y la viruela, afectaron a los indígenas desde el primer contacto con los españoles.

Aunque no existe información suficiente para establecer cuáles de estas causas fue la que incidió más fuertemente en la catástrofe demográfica indígena, siempre se ha considerado por los historiadores como la más importante, la confrontación bélica desigual. En esta, la fuerza, las armas y el entrenamiento para la guerra de los españoles se enfrento a una organización social que no consideraba el entrenamiento para una guerra regular y solamente se defendía en las condiciones que, para el caso del valle del río Cauca, era la confrontación entre diferentes grupos. El temor a la muerte en la batalla, por parte del español, se cifró, más que en la muerte misma, en la suerte que podía correr su cuerpo al someterse a los rituales indígenas que implicaban un canibalismo ritual que, ni fue tan extendido como acostumbra señalarse ni tenía como finalidad la simple alimentación del indígena. Este consumía el cuerpo del opositor en una especie de reconocimiento del valor de su enemigo, valor que podía adquirir al consumir el cuerpo del vencido.

No hay datos precisos de población establecidos para el territorio de la actual Colombia, sin embargo se calcula un número total de habitantes entre 5 y 3 millones antes de la llegada de los españoles. En el caso específico del valle del río Cauca, y fundamentándose en las visitas de los funcionario reales, se habla de una reducción de la población que entre 1559 y 1582 fue de 60%. Es necesario resaltar que este porcentaje es calculado 23 años después del arribo de los españoles a Cali quienes en su feroz invasión, produjeron una disminución mayor que la del período mencionado; de otro lado la disminución continuó hasta iniciado el siglo XVII cuando los indígenas prácticamente habían desaparecido.