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El surgimiento del narcotráfico en los años 60


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López López, Andrés. El Cartel de los sapos. Planeta, Bogotá, 2008.

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Titulares de prensa sobre narcotráfico en el Valle

En el proceso de consolidación de la sociedad vallecaucana como modelo de desarrollo y punta de lanza del capitalismo colombiano, apareció abruptamente el narcotrafico. Esta irrupción, acaecida en los años 60, sucedió a una época de florecimiento de los planes y transformaciones realizadas en el Departamento durante la primera mitad del siglo XX. Los cambios acelerados que en todos los órdenes enfrentó la región son observables a nivel nacional, tal como lo anota Jorge Orlando Melo en su artículo "Narcotráfico y Democracia: la experiencia colombiana":

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El narcotráfico ha surgido en una sociedad en la que se encontraban en cambio rápido las estructuras económicas, los patrones de distribución de la población, las estructuras urbanas, la estructura y función del estado, los valores sociales y éticos, las costumbres y creencias.


Los factores mencionados por Melo produjeron en el Valle efectos contradictorios: al tiempo que el proyecto de desarrollo regional mostraba signos de crecimiento económico, se iban modificando las jerarquías sociales y la escala de valores, en términos tanto negativos como positivos.
En el crecimiento económico el concepto de capital sustituyó al de riqueza; las jerarquías sociales aristocráticas dieron paso inicialmente a una escala salarial vinculada a rangos en las empresas a partir del tipo de trabajo, para terminar en una concepción del orden social donde el elemento prioritario y fundamental es la posesión del dinero-capital.

En estos aspectos el crecimiento urbano, el desarrollo industrial, la dinámica económica y comercial y el aumento del sector servicios en todas las ciudades del Valle mostraron, en la región y especialmente en Cali, una sociedad pujante con nuevos niveles de bienestar para su población emprendedora y, sobre todo, proyectada a otros mercados y otras culturas. Sus habitantes sentían la ciudad y la región, no solo como suya, sino como su construcción en la que estaban contribuyendo continuamente para obtener los réditos, posteriormente, de una mejor sociedad. Esta relación engendró lo que se ha conocido en el comportamiento general de la gente como el civismo, expresado en la tolerancia y en la imagen de una fila de usuarios para abordar el bus urbano.

Simultáneamente, las migraciones segmentaron el espacio urbano haciendo patentes las desigualdades sociales, fundadas tanto en la sobreoferta de nueva fuerza de trabajo como en las diferencias de su capacitación para el desempeño del empleo y la aparición de sectores informales que sirven de amortiguador de la miseria que se va engendrando en nuevos grupos marginales. Tanto el comercio y las empresas formales como la economía informal, agudizaron el sentido del dinero como único y último motor de supervivencia y crecimiento; fue en esta ambivalencia del concepto de función del capital cuando se conocieron e importaron nuevas fuentes de adquisición “fácil” y rápida del dinero.

Florecieron entonces las bandas de rateros, jaladores de carros, contrabandistas y grupos de secuestradores; todos ellos vinculados al consumo de artículos suntuosos y exóticos entre los que fueron más frecuentes el whisky, los electrodomésticos traídos inicialmente de San Andrés y después de Miami o Panamá y la introducción de la marihuana desde México. Por estas calendas surgieron los pioneros del narcotráfico, entre los cuales sobresale Jaime Caicedo, “El Grillo”, descrito por Adolfo Atheortua y Diana Marcela Rojas en su artículo “Narcotráfico en Colombia. Pioneros y Capos”, en los siguientes términos:

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…Ladrón de bicicletas, se involucró en el tráfico de cocaína en forma artesanal y con pequeños envíos en vuelos comerciales bajo la mirada aún inocente de las aduanas locales y gringas. La prosperidad del negocio lo condujo a nexos con productores de Perú y Bolivia y a mejorar el camuflaje de sus remesas, cada vez mayores, con la participación de distribuidores norteamericanos.


En ese momento, empezaron a coexistir en un mismo espacio dos mundos: el primero, se caracterizó por el florecimiento empresarial e industrial que, conduciendo los destinos generales del Departamento, ofrecía la imagen de prosperidad. El otro, aprovechando la dinámica económica y social y el desarrollo de diversas modalidades de entretenimiento y esparcimiento en ciudades, cada vez más abiertas, incubó un proceso de descomposición de todos los sectores sociales. La fuerza que adquirió el dinero, vinculado a las actividades económicas informales e ilícitas, sustentó una imagen de opulencia contestataria frente a las conductas y las normas sociales tradicionales.

Una de las manifestaciones más claras del cambio fue la confrontación de los nuevos valores arquitectónicos con los antiguos. Fue un período en el que la arquitectura republicana, expresión estética del orden liberal republicano y base del diseño del Departamento del Valle a comienzos del siglo XX, replicada en las edificaciones oficiales en varios municipios, se vio amenazada y lesionada por las edificaciones que la sustituyeron. La sensacion de progreso, comodidad y funcionalidad, con economía de los espacios, que sugiere la arquitectura moderna con sus vitrales, líneas rectas y limpieza conceptual, fue aprovechada por sectores emergentes vinculados al narcotráfico quienes, en su afán de proyectar una imagen de opulencia y poder, construyeron casas de habitación, en nuevos espacios urbanos, con lo que procuraban mostrar la fuerza de la posesión del dinero.

En el sector oficial esta tendencia arquitectónica que ofrecía un mejor beneficio del espacio, fue aprovechada - en muchos casos - por funcionarios venales que, utilizando una engañosa economía de recursos, construyeron edificaciones que produjeron, en la pràctica, el abigarramiento de los usuarios y dieron pie a la desviación de recursos oficiales a favor de particulares de forma ilicita.

Las ciudades parecían debatirse entre viejos órdenes sociales y una nueva escala de valores. El resultado inmediato fue el retiro paulatino, pero nunca total, de los grupos antaño conductores de la sociedad, en contraste con el crecimiento inusitado de los llamados “nuevos ricos” que, en desarrollo de actividades más o menos al margen de la ley, habían encontrado un nuevo producto más rentable, la cocaína. Ésta resultó ser de mayor cobertura en el mercado internacional que las actividades anteriores y el fundamento sobre el cual se organizarían los llamados carteles de la droga.

La comercialización de este producto, cuya materia prima inicialmente fue importada de Perú y Bolivia y posteriormente cultivada en extenso en el país, disparó el enriquecimiento de quienes se dedicaron al procesamiento y distribución de ella, más allá de los linderos regionales y nacionales. Este enriquecimiento adquirió una organización de empresa en la cadena de la cocaína y engendró líneas subsidiarias para la distribución del producto y la inversión de las ganancias. En el país surgieron varias de estas empresas conocidas como “carteles”, de los cuales el más notable fue el de Pablo Escobar en Medellín. En lo que toca al Valle del Cauca, en términos jerárquicos y cronológicos, dos han sido los más reconocidos: el cartel de Cali y el cartel del Norte del Valle. Respecto a estas organizaciones, Neftalí Téllez y Jorge Hernández en su informe de investigación “Aproximaciones al estudio sobre el impacto del narcotráfico en la región vallecaucana”, plantean:

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Uno de los rasgos principales de este conglomerado es la presencia de grupos familiares en su estructura básica. Cuando se refiere a los capos del narcotráfico pertenecientes a lo que llaman el cartel de Cali, los periódicos de todo el mundo mencionan reiteradamente los nombres de los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela (y sus familiares)…Se sabe que tanto en los casos mencionados por la prensa como en otros, alrededor de estos núcleos familiares se forman grupos más extensos que incluyen familiares y amigos, a partir de los cuales no sólo se garantiza el funcionamiento de la actividad económica propiamente dicha, sino que se tejen redes de poder, prestigio e influencia a nivel local y regional. Las empresas de los narcotraficantes más que asociaciones por acciones o algo parecido son, pues, empresas familísticas…


El primero de estos carteles surge como exclusivo comercializador, aprovechando las condiciones de comunicación de la ciudad de Cali, que recibe la cocaína llegada desde Bolivia y Perú, para distribuirla en Norteamérica. Progresivamente se fue introduciendo en el procesamiento de la cocaína, al lograr obtener la materia prima en el vecino Departamento del Cauca; en estas condiciones consiguió ampliar sus rutas al mercado europeo.

Un poco posteriormente, y con centro en Tuluá, La Unión, Roldanillo y Cartago, surgieron varias familias de narcotraficantes, como los Urdinola, que ocasionalmente se confederaron para ofrecer un frente comercial en el mercado internacional y que alcanzaron fuerza importante en la medida en que decaían el cartel de Pablo Escobar en Medellín y el cartel de los Rodríguez en Cali. Para lograrlo, ampliaron las zonas de cultivo y procesamiento de coca e intensificaron la utilización de las vías de comunicación aérea del Valle y las múltiples facilidades que la Costa Pacífica y sus esteros ofrecen para la salida de la droga.