Loading...
 
(Cached)
Refresh

El valle en los primeros años de la República

El desempeño del valle en la guerra de Independencia, tanto en el período de resistencia a la Reconquista Española como en la Campaña Libertadora del Sur, dejó una región exhausta en la que las estructuras económicas se encontraban resquebrajadas, las relaciones sociales seriamente debilitadas y una gran incertidumbre en el imaginario político de los sectores dirigentes con respecto al futuro. Buscaron, entonces, soluciones que les permitieran construir una sociedad con un nuevo sistema político, manteniendo algunas de las características del pasado. A la luz de los modelos de Estado que circulaban en la época, debían encontrar uno que permitiera la confluencia entre el modelo francés republicano y la permanencia del sistema esclavista, en una oposición republicano/esclavista.

Un rezago del movimiento de las Ciudades Confederadas del Valle fue el autonomismo, latente en las diferentes ciudades, que continuaron reivindicando sus propias capacidades de decisión y de articulación a sus vecinas para ejercer liderazgo en la región; lo que produjo una emulación entre las ciudades más fuertes, acompañadas de sus vecinas débiles, para conformar varias provincias en el Valle, compitiendo por el liderazgo regional frente a Popayán y por la posible dirección de una institución administrativa que llegara a crearse.

Pero la emulación entre las diferentes provincias era apenas la manifestación del deseo de autonomía y autodeterminación de la gente del valle. De igual manera, otras regiones y otras ciudades pugnaron por encabezar movimientos tendientes a conformar una nación conveniente a sus intereses interiores y relacionales con otras regiones; en este proceso surgieron una discusión y una práctica política. La discusión giró en torno a los modelos políticos que permitieran la unidad; y la práctica política empezó a tomar fuerza, no solo en el liderazgo regional sino en el liderazgo personal, dando lugar al clientelismo y los caudillos como quehacer político cotidiano, lo que desembocó en la Guerra de los Supremos.


Campaña Libertadora del Sur


EN EL INICIO DE LA CAMPAÑA DE SUR

Al incorporarse José María Obando a las tropas republicanas, acordó con Simón Bolívar facilitar el tránsito de las tropas hacia Quito. “Conocedor tanto de los graves problemas que se estaban desarrollando en Pasto, como de la idiosincrasia de su población, Obando se encontraba en posición de hacer sugerencias al gobierno, y se creía la persona indicada para poder solucionar el conflicto. Santander y el Obispo Jiménez de Enciso, quienes reconocían la influencia y experiencia de Obando en la región, coincidieron en la necesidad de nombrarlo como comandante militar de Pasto, cargo que empezó a ejercer el 25 de octubre de 1825. El 12 de septiembre del año siguiente, en su calidad de comandante militar, fue encargado de la gobernación. Obando, gozando ya del apoyo de los destacamentos militares de la Línea del Mayo y de las gentes del valle del Patía, dirigió todos sus esfuerzos a ganarse la simpatía de los pastusos. Su estrategia fue simple, y se dirigió a alcanzar tres objetivos inmediatos:
  1. Hacer del ejército de la Línea del Mayo una fuerza permanente, incrementando sus efectivos y cuidando de mantenerla bajo el control de sus amigos.
  2. Atraerse la simpatía de los terratenientes de Pasto.
  3. Ganarse el apoyo de los indígenas”.

Zuluaga, Francisco Uriel. José María Obando. De soldado realista a caudillo republicano. Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1985. Pp. 63-64.
Soberanos los ejércitos españoles en la Nueva Granada, los pocos partidarios de una autonomía fidelista tuvieron que entender el debate político adelantado por los intelectuales independentistas de las diferentes regiones, en lo referente al sistema y el tipo de gobierno que se adoptaría. El sector más beligerante de los derrotados empezó a concentrarse en los Llanos Orientales donde Simón Bolívar, Páez y Santander estaban organizando grupos militares para recuperar sus territorios. Esta labor significó organizar las tropas, asegurar el abastecimiento y pensar, como independentistas y republicanos, cuál país deseaban construir. Es importante esta reflexión porque propició articular la organización de las tropas a la búsqueda de la construcción de un nuevo Estado, diseñado por Bolívar en la Carta de Angostura. Al servicio de esta idea se logró crear el sentimiento patriótico entre las tropas, con las cuales se realizó una primera, rápida y sorpresiva campaña militar que, atravesando la Cordillera Oriental y recorriendo el altiplano cundiboyacense, se alzó con una victoria en la Batalla de Boyacá (agosto de 1819) que produjo la fuga del virrey y la entrada triunfante del Ejército Libertador a Santafé. Acto seguido, Bolívar envió a Rondón a liberar el Occidente y el Chocó y, con Sucre, emprendió una campaña hacia el sur sin mayores dificultades hasta Cali. Analizadas las posibilidades de avanzar hasta Quito, constató las dificultades de atravesar el valle del Patía y someter a Pasto, debido a la posición beligerante y guerrerista en favor del rey de los habitantes de estas zonas. Con estas consideraciones, Bolívar decidió enviar a Sucre por Buenaventura hacia Guayaquil con las tropas alistadas desde Santafé y engrosadas en el tránsito hasta Cali. Asegurada esta variante, procedió a adelantar conversaciones con oficiales de la retaguardia de la retirada española para obtener oportunidades de atravesar, sin mayor resistencia, el Patía. De esta manera incorporó a José María Obando, hasta entonces oficial de las tropas realistas, y cuyo liderazgo le facilitó el arribo a Pasto.

La resistencia de los pastusos provocó medidas exageradas de represión por parte de Bolívar contra la población. Desde Pasto, continuó hacia Quito, Perú y Alto Perú en la Campaña del Sur que, por lo menos militarmente, cumplía su sueño de la Gran Colombia. En esta campaña fue fundamental el aporte del valle del río Cauca en hombres: los hacendados como oficiales, los campesinos como soldados y los esclavos participando activamente en la vanguardia incentivados por la promesa de la libertad. Además aseguró los bastimentos necesarios con aportes en carne, mieles, aguardiente y tabaco; para el transporte de tropas, vituallas y los bastimentos, los vallunos aportaron, casi hasta el agotamiento, los caballos y las mulas. De esta manera, el valle tuvo una participación decisiva en su propia Independencia y en la de los países del Sur.

Republicano/esclavista


REPUBLICANOS Y ESCLAVISTAS

“Ha querido elevarse aquí un edificio sin base, un edificio de libertad con materiales españoles. ¿Qué esperar de una República en donde todo hombre llama amo a todo individuo más blanco o mejor vestido que él?. “Si mi amo” es la respuesta que se recibe a todas las órdenes que se dan y esta respuesta no es una palabra vacía de sentido: el pobre indio obedece y cree hacer bien. De allí una cantidad de abusos deplorables y los desórdenes sin cesar que afligen al país. La clase que se dice culta, aquella que ha destruido el poder monárquico para sustituir el suyo, no tiene ninguna instrucción, ningún sentimiento de moralidad, ningún principio de justicia. Su interés y sus pasiones son el sólo móvil al cual obedece. Dispersa sobre un vasto territorio ejerce una influencia inmensa sobre los pueblos a los cuales dirige. Todo jefe militar que tiene algunos hombres bajo sus órdenes los hace obrar según su capricho, cada cura hace otro tanto en su pueblito, cada propietario sobre su finca”.

Tomado de: Colmenares, Germán. Partidos políticos y clases sociales. Tercer mundo editores, Bogotá, 1997, P.8.
La lucha adelantada por las ciudades del valle frente al gobernador con asiento en Popayán llegó, en la coyuntura de 1810, a un enfrentamiento no con el rey sino con el gobierno monarquista actuante en esta colonia. Los vínculos establecidos entre estas ciudades, al renunciar a su autonomía frente a la Junta Suprema de Santafé, los involucraba en la concepción de un Estado republicano que, a la manera francesa, reivindicaba como principio fundamental la libertad. Además, la debilidad socioeconómica que la Campaña Libertadora dejó en el valle del Cauca, transformó la vida rutinaria del funcionamiento de las haciendas y del sistema esclavista produciendo una cierta laxitud en el ejercicio de la esclavitud y alguna sensación de libertad en los esclavos. Rápidamente del comportamiento señorial y despótico de los esclavistas se fue alcanzando una cierta tolerancia que permitía, a los hacendados del valle, ser partidarios de la libertad republicana al mismo tiempo que ejercer la esclavitud. Este tránsito se puede apreciar en los testimonios históricos y literarios con que contamos: mientras Julio Arboleda, en su hacienda de Japio, pudo enseñarle a un niño a cortar caña cercenándole la mano al infante, en la novela El Alférez Real, don Manuel de Cayzedo mantenía sus maneras aristocráticas y su vida reglamentada por una moral cristiana casi medieval. Lo que se respira en esta novela es un esclavismo fuerte unido a un aristocratismo acentuado, pero respetuoso de sus esclavos. Poco tiempo después se pasa a la caracterización de hacendados claramente republicanos y muy tolerantes de las formas de vida de los esclavos, como los descritos en la novela María en cabeza del padre de Efraín y aún en la defensa de la libertad de los esclavos como consta en los escritos políticos de Jorge Isaacs. Es bien notorio el contraste entre la posición de los esclavistas del valle y los esclavistas de Popayán que siempre, y a toda costa, procuraron evitar la abolición institucional de la esclavitud. En este tránsito bien pudiera hablarse, para la clase dirigente del valle en esa época, de republicanos -esclavistas, lo que demuestra además la ductilidad de aquella dirigencia para adecuarse a los cambios socioeconómicos que en la historia del valle se han dado.

Provincias en el Valle

Censos de población para las provincias del suroccidente 1843
(Extracto de las poblaciones pertenecientes hoy al Departamento del Valle)
{img src="tikimg/8-1M.gif" rel="shadowbox";type="img)}
Fuente: Valdivia, Luís. “Mapas de densidad de población para el suroccidente: 1843 y 1870”.
En: Historia Y Espacio, Universidad del Valle, Departamento de Historia Nº 5, 1980, Pp. 106 – 107
Image
Mapa Nueva Granada 1852
Image
Fuente: América Pintoresca, p.48.

Image
Fuente: Álbum Comisión Corográfica, Vol. I, p. 56.
Posterior a la Constitución de Cúcuta de 1821, que dio vida jurídica a la República de Colombia, se creó un nuevo orden territorial de acuerdo con un decreto impulsado por Santander y expedido en marzo de 1825. Así, las antiguas jurisdicciones de las ciudades coloniales y su división en partidos y curatos se cambió por un orden del territorio en departamentos, provincias, cantones, parroquias y viceparroquias; estas dos últimas tenían como referente un componente eclesiástico, a pesar de ser civiles sus autoridades e, incluso, ser elegido por los pobladores el cura del lugar.

Gran parte de la antigua Gobernación de Popayán fue convertida en el nuevo Departamento del Cauca y dividido en tres provincias: Popayán, Pasto y Buenaventura. En lo que respecta al valle geográfico, se constituyeron los cantones de Caloto, Cali, Palmira, Buga, Tuluá, Roldanillo, Cartago, Supia y Toro, en igualdad de condiciones y dependiendo de Popayán como capital de provincia.

Con la Constitución de la Nueva Granada, en 1832 se abolieron los departamentos y se conservó el órden de cantones, provincias, parroquias y viceparroquias. En consecuencia Popayán, de ser capital departamental, paso a ser cabecera de la Provincia de Popayán perdiendo su jurisdicción sobre Pasto y gran parte de la Costa del Pacífico. No obstante, aún ejercía poder sobre los cantones del Valle del Cauca. Pero los deseos de autonomía por parte de los vallunos renacieron en 1833, cuando adelantaron una campaña política y periodística para desligarse del dominio de Popayán, situación que se concretó finalmente en 1835 con la creación de la Provincia del Cauca (capital Buga) y la Provincia de Buenaventura (capital Cali).

Con esta división territorial, el sur del valle geográfico del río Cauca, correspondiente al Cantón de Caloto, paso a ser parte de la jurisdicción de la Provincia de Popayán. El dominio de los propietarios payaneses en los territorios de Caloto explicaría su anexión a Popayán y, en consecuencia, la separación político administrativa definitiva de sus compañeras del Valle, más próximas por naturaleza, cultura y geografía.

La provincia del Cauca comprendió los cantones de: Buga (capital), Palmira, Tuluá, Cartago, Toro, Anserma y Supia; la provincia de Buenaventura incluía los cantones de: Cali (capital), Iscuandé, Micay, Raposo y Roldanillo. Con las reformas constitucionales de mediados del siglo XIX, específicamente la de 1858, Popayán logró recuperar el dominio sobre el valle del Cauca al convertirse en la capital del recién creado Estado Soberano del Cauca con jurisdicción sobre Chocó, Buenaventura, Cauca, Popayán, Pasto y Caquetá.

Guerra de los Supremos


Image
Ejércitos del Cauca - Fuente: América Pintoresca.
HECHOS DE LA GUERRA DE LOS SUPREMOS EN EL SUR OCCIDENTE COLOMBIANO
“Desde febrero de 1841 los Supremos resurgieron con fuerza inusitada en todo el país. En el sur Obando terminó 1840 atacando las guarniciones cercanas a Timbío y convocando seguidores. Al iniciarse 1841 ya contaba con 300 hombres, se dirigió al Patía, convocó a los pastusos, sitió Popayán y siguió hacia el valle del Cauca, donde recibió adhesiones, obtuvo armas y tropa y logró la incorporación de los afrocolombianos del sur del valle (especialmente los de Quilichao y las haciendas de los Arboleda), a los que declaró libres, lo que le enajenó buena parte del apoyo de los terratenientes. Después de la batalla de García, el 12 de febrero de 1841, Popayán se rindió a Obando y Cali se rindió a su favor. Ahora Obando dominaba todo el Cauca, excepto Cartago, por lo que pensó unirse a Salvador Cordoba en Cartago para, coordinando acciones con Pedro A. Sánchez que había conquistado Neiva, marchar hacia el centro y converger con los demás Supremos. Dentro de este plan Cordoba ocupó Cartago el 13 de abril”.

Zuluaga, Francisco Uriel. “Las guerras civiles en el siglo XIX, En: Historia, geografía y cultura del Cauca. Territorios posibles. T II, (Comp. Guido Barona B. y Cristobal Gnecco Valencia), Universidad del Cauca, Popayán, 2001, p. 268.
Unida la Gobernación de Popayán al Nuevo Reino de Granada en el proceso de Independencia, permitió a Bolívar pensar el Segundo Estado que, groso modo, correspondería a la hoy República de Colombia. Esta articulación metió en un solo saco a regiones tan disimiles, como las que se habían sustentado en la fuerza de trabajo servil y aquellas donde la fuerza de trabajo era esclavizada. También mientras unas eran, en su entorno limitado, regidas por una cabeza fuerte y de autoridad incontrovertible, en otras la autonomía municipal iba conformando alianzas y el ejercicio de la autoridad se perfilaba como representativo de los participantes; mientras unas tenían una población dominantemente mestiza, otras tenían población mayoritaria y culturalmente pardas, mulatas.

Pero, partiendo de cualquiera de las dos situaciones descritas, el ejercicio doméstico de la política se dio sobre las bases del clientelismo y el caudillismo. El caudillismo se alimentó de las redes clientelistas al punto de volverse un sistema en el que unos utilizaban a sus esclavos y trabajadores de la unidad económica correspondiente y otros procuraron vincular los sectores marginados para conformar núcleos de seguidores que fácilmente se transformaban, en caso necesario, en ejércitos provinciales o particulares. Articuladas varias redes de caudillos locales y regionales, se vinculaban a un caudillo que, de manera clientelista, enlazaba varias redes de redes para sustentar un liderazgo en torno a un caudillo. Seguramente si se investigara a fondo, la red de Bolívar sería igual a la red comprobada de Santander, simplemente que, en el funcionamiento del sistema, estos caudillos se manifestaban como árbitros máximos en sus regiones; y, en el caso de los seguidores de Santander, cuando éste salió al exilio su partido quedó dirigido por un grupo de caudillos regionales que por entonces se los denominó Supremos. Este apelativo fue aprovechado por el gobierno central para legitimar la represión administrativa y militar de estos caudillos; y fué el nombre que recibió la guerra civil entre 1839 y 1841 que, como siempre, o casi siempre, se originó en la amplia región caucana levantando las banderas de la Constitución de 1832.

El lugar, año y razón del comienzo de un movimiento aparentemente local, pero de repercusiones en toda la república fueron: Pasto, 1838 y la puesta en ejercicio de una ley de supresión de los Conventos Menores. Esta ley, aprobada en 1832, estuvo dirigida a suprimir conventos con pocos monjes y sin utilidad aparente. Muchos de ellos se utilizarían como colegios santanderinos al estilo del Colegio Santa Librada de Cali; otros no fueron suprimidos en 1832 por su evidente utilidad pública. Sin embargo, el 5 de junio de 1838, el gobierno de José Ignacio de Márquez ordenó la supresión de los conventos Santo Domingo, San Francisco y San Juan de Pasto provocando la inconformidad del padre Francisco Solano de Villota quien, apoyado por algunos amigos del general José María Obando y, según uno de los testigos: “Villota montó a caballo empuñando el estandarte de San Francisco de Asís y seguido por cosa de cinco mil personas, concitaba a la defensa de la religión, que se creía atacada por los actos del Congreso Nacional”. Ante esta situación, el gobernador de la Provincia de Pasto solicitó refuerzos a Popayán, desde donde se informó al gobierno central en Bogotá. Allá se le ordenó a Tomas Cipriano de Mosquera y a Pedro Alcántara Herrán se encargaran de la represión del movimiento. A su vez, los amigos de Obando lo concitaron a incorporarse a la rebelión, a lo que se negó inicialmente. Dada la magnitud de las fuerzas enviadas por Mosquera, con Herrán a la cabeza para aplastar la rebelión, Obando se vio obligado a levantar las banderas de la Constitución de 1832 y llamar en su apoyo a los otros caudillos regionales: Rafael María Vásquez en Vélez, coronel Juan José Reyes Patria en Sogamoso, Leopoldo Flores en Tunja, Manuel González en el Socorro, Salvador Córdova en Antioquia, Francisco Carmona en Ciénaga, Juan Antonio Gutiérrez de Piñeres en Cartagena y Francisco Martínez Troncoso en Mompox quienes iniciaron movimientos similares en sus regiones. La represión en el Cauca vinculó a militares payaneses y caleños, además de las fuerzas de la vecina República del Ecuador gobernada por Juan José Flores, los que fácilmente derrotaron a Obando. Pero en 1840 reapareció Obando quien, con sus guerrilleros del sur organizados por Juan Gregorio Sarria, se dirigió hacia el valle del Cauca donde logró algunos triunfos militares que le valieron la incorporación de los esclavos del sur del valle, especialmente los de Quilichao y Caloto a quienes declaro automáticamente libres. Aunque la guerra continuó en otras regiones, Obando no logró mantener sus fuerzas en el valle del Cauca, se replegó hacia el sur y, finalmente, abandonó el país por el Putumayo en dirección hacia el Perú. De esta manera, en las provincias del suroccidente, se dio por terminada la guerra.

Así como el curso de la Guerra de los Conventos en Pasto puso de manifiesto malestares sociales y políticos, también en el valle del Cauca esta guerra dio lugar a que se manifestaran, tanto el deseo como la seguridad de los esclavos de alcanzar la libertad, dentro de los parámetros establecidos en 1821, como la tendencia de los esclavistas a desconocer y atrasar los procesos que la misma ley adelantaba. La Guerra de los Supremos, iniciada como un acto defensivo personal de Obando, al llegar al valle del Cauca adquirió visos de movimiento antiesclavista y, en esa medida, de guerra de razas, quizá el fantasma que más aterraba a los sectores criollos y a los señores esclavistas.

Queda claro que la Guerra de los Supremos parece absurda cuando reconocemos que las razones inmediatas se reducen al trato impolítico de la supresión de conventos menores, coincidencialmente seguida de la reapertura de la acusación a Obando por la muerte de Sucre, instigada por Mosquera.

Pero el curso de la guerra puso en evidencia algunos aspectos que, en alguna medida, afectaron la institucionalización republicana:

  1. El alineamiento de los diversos sectores sociales durante la guerra hizo aflorar la política dilatoria de los esclavistas y provocó las medidas regresivas y represivas que en los años siguientes fueron adoptadas.
  2. La guerra y los regímenes que continuaron propiciaron que el alinderamiento inicial entre bolivaristas y santanderistas perfilaran los futuros partidos políticos tradicionales en Colombia. Dentro del Partido Liberal la línea obandista acabaría siendo el germen de lo que pudiéramos llamar un “liberalismo social”, con fuerte presencia en el valle del Cauca debido a su cercanía con los sectores populares y en especial los esclavos.
  3. La Guerra de los Supremos, en general, nos deja la sensación de un enfrentamiento inútil, circunscrito a las diferencias personales de Obando y Mosquera. Pero, en el suroccidente, fue la confrontación inicial de los propietarios esclavistas frente a los esclavos, los pardos y campesinos en general.