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Habitantes prehispánicos del Valle del Cauca

Comunidades Indígenas
Antes del siglo XVI, centuria en que se produjo la invasión española, la presencia humana había escenificado un largo proceso histórico de alrededor de 10 mil años en el cual el hombre pasó de ser un cazador – recolector hasta producir sus propios utensilios para los diferentes momentos de la vida cotidiana, trabajar el oro (orfebrería) y, fundamentalmente, dominar técnicas de cultivos que los constituyeron como agricultores.

En el momento inmediatamente anterior a la conquista española, los grupos existentes no tenían relaciones o alianzas de tipo político-militar estable que defendiera un territorio, más allá de los límites de cada uno de los grupos, y apuntara a la construcción de una incipiente organización estatal; si bien es cierto que en estas comunidades indígenas había caciques mayores, que dominaban un espacio que comprendía comunidades al mando de comunidades indígenascaciques menores, también es cierto que no existían federaciones de caciques que los cohesionara frente a una posible agresión externa.



Cazadores – recolectores

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Mastodonte


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Molar de mastodonte encontrado en el municipio de Toro, en el lecho del río cauca
“La principal característica de este tipo de organización social fue la utilización directa que los colectivos humanos hicieron de los recursos naturales que tenían a su disposición, inicialmente por medio de una economía de apropiación, y luego generaron nuevos procesos de trabajo que conllevaron a la producción de alimentos por medio de la horticultura. Estas sociedades igualitarias en su base, estaban conformadas por pequeñas unidades familiares o grupos de éstas unidos por parentesco, que compartían un territorio común y lazos de unión ideológica, entre los cuales cumplían un papel muy importante las expresiones religiosas. Existía una división del trabajo por sexo y edad y las actividades tanto cotidianas como rituales estaban determinadas en cierta medida, por el modo de vida de cada grupo. La movilidad tanto permanente como restringida era una estrategia muy importante para aprovechar la gran diversidad de recursos que ofrecía el medio natural”

Rodríguez, Carlos Armando. El Valle del Cauca Prehispánico. Universidad del Valle-Departamento de Historia, Cali, 2002, pp. 26 y 27
Las condiciones ecológicas del valle en el momento de la llegada de los primeros migrantes, hace unos 10 mil años, favoreció el que se iniciaran como recolectores-cazadores aprovechando la variedad frutícola, la abundancia de peces y la existencia de una fauna en la que se presentaban especies grandes (megafauna), compartiendo el espacio con especies pequeñas. Ante esta biodiversidad debió asumirse el nomadismo como instrumento de exploración del espacio natural y como medio para la supervivencia. Ello exigía ser recolector, asumiendo algún tipo de gregarismo que los hicieran seminomades; o especializarse como cazadores de grandes animales para lo cual requerían de cierta organización que implicaba el ejercicio de la fuerza y la coordinación como grupo.

El vestigio más claro de la cacería de megafauna en el valle se encontró en el municipio de Toro, en el lecho del río Cauca, donde una punta de proyectil elaborada en marfil se hallaba entre huesos y piezas molares de un mastodonte.



Agricultores

“Los mantenimientos de aquellas provincias son maíz, y unas raíces que llaman allí papas que son como una castaña de hechura de nuez, y otras raíces que saben a nabos, y frutas muchas que tienen, y todo su mantenimiento principal es el vino que del maíz hacen en aquella tierra, que es un maíz que llaman nicorocho, menudito y muy duro, que se coge a dos meses de sembrado, y de este hacen pan que es muy bueno, y vino y miel y aceite y vinagre... y en algunas tierras yucas y ajes; y en esta provincia de Lili no comen el maíz hecho pan, sino tostado o cocido, no embargante que tienen piedras en que lo muelen (para) hacerla chicha; y ven comer a sus vecinos, que son los Atunceta, en bollos hechos de maíz de pan en masa…”

Andagoya, Pascual de. “Carta del adelantado Pascual de Andagoya al emperador Carlos V”. Relación y documentos, Colección Historia, Madrid, 1986, pp. 138-139.
La migración originaria del hombre hacia el valle del río Cauca, caracterizada inicialmente por el nomadismo, al buscar formas de aprovechamiento de las condiciones naturales, debió optar entre la caza-recolección o dirigir su acción productiva hacia la domesticación de especies vegetales como el maíz y la yuca, limitando la acción recolectora en un proceso de sedentarización. Estos procesos obligaron a la creación de instrumentos más eficaces y funcionales, como medios de producción, facilitando la disponibilidad regular de alimentos, su diversificación y un sentido de territorialidad que empezó a marcar las diferencias entre aldeas y sirvió de fundamento de la organización tribal.

Aunque el área geográfica al occidente del valle del río Cauca, que comprende principalmente la Cordillera Occidental y la banda izquierda del mismo río, se ha conocido como zona arqueológica Calima, lo cierto es que los Calimas como grupo cultural no existieron. En esa área geográfica lograron un desarrollo socio-económico y cultural diferentes grupos humanos clasificados por los estudios arqueológicos como cazadores-recolectores y agro-alfareros. En cuanto a los agro-alfareros, los estudiosos logran establecer tres sociedades: Ilama, Yotoco/Malagana y Sonso. Culturalmente se caracterizaron por el trabajo de la cerámica y la orfebrería que tuvo sus máximas elaboraciones estéticas en el grupo Yotoco. La flora, la fauna y los seres humanos fueron los temas más frecuentes en los objetos de barro y oro para representar actividades cotidianas o ceremonias de tipo religioso dirigidas por un chaman.

Los Quimbayas, según los arqueólogos, ocuparon el área nor-oriental del actual Departamento del Valle y la hoy llamada zona cafetera, en dos grandes períodos: clásico y tardío. Son conocidos por su excelente trabajo orfebre, su organización en federaciones de caciques y la extracción y comercio de la sal que se hallaba en fuentes en su propio territorio.

Entre Popayán y el sur del valle geográfico del río Cauca tuvo su desarrollo la sociedad Bolo-Quebrada Seca. Se distinguieron, además de la orfebrería y la alfarería ligada a concepciones cosmogónicas y del diario vivir, por sus construcciones monumentales que cumplían funciones ceremoniales y militares para la defensa de sus territorios. Tenían formas organizativas jerárquico-cacicales, al mando de un señor o cacique principal.


Comunidades indígenas

UBICACIÓN GEOGRÁFICA DE LOS PRINCIPALES CACICAZGOS DEL ALTO Y MEDIO CAUCA EN EL SIGLO XVI.
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Fuente: Rodríguez, Carlos Armando. Tras las huellas del hombre prehispánico y su cultura en el Valle del Cauca, Inciva, Cali, 1992, p.303.
I
“Andan desnudos y descalzos, sin traer más que algunas pequeñas mantas, y enjaezados con sus joyas de oro; las mujeres andan cubiertas con otras pequeñas mantas de algodón y atraen a sus cuellos collares con unas mosquitas de fino oro y de bajo, muy galanas y vistosas…”.

Cieza de León, Pedro. La Crónica del Perú, Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, Madrid, 1984.

II
Estos indios que aquí habitan (gorrones), tienen una laguna de agua grande,… y cebase cuando el río (Cauca) crece y las aguas son muy grandes. Y entonces tan gran cantidad de pescado en aquella laguna e se cría dentro, ques una cosa de admiración; e al tiempo ques verano y no llueve, tornase a vaciar el agua de la laguna, y en cierto artificio que los indios tienen fecho, al tiempo que se vacía el agua, acaece a ver en aquella balsa que queda hecha más de dos estados de pescado. E ansi lo asan en barbacoa; e tienen hechos muy grandes troxes dello para rescatar (comerciar) con otros indios.

Robledo, Jorge. Colección de documentos inéditos, Madrid, 1864, p. 268.
La mayoría de los arqueólogos están de acuerdo en que, al momento de la llegada de los españoles, en lo que hoy corresponde al espacio ocupado por el Departamento del Valle, existieron comunidades indígenas que es posible agrupar en cinco “provincias” que aluden a espacios donde se presentaba cierta unidad territorial, afinidad lingüística y una organización social ligada a los linajes que sustentaban la distribución del poder en la modalidad de cacicazgos: provincias de Cali, Alto Chocó, Gorrones, Buga y Quimbaya.

En la provincia de Cali los cacicazgos más nombrados en los documentos son: Guales, Xamundí, Bichicama, Amayme, Vixes, Mulahalo, Ilama, Yotoco, Bitaco, Dagua, Lile, Petecuy, Chinche, Papagayeros, Bolo, Palo, Pance y Calima.

En la provincia del Alto Chocó se destacan Botabirá, Cirambirá, Chancos, Chanquina, Chiloma, Chocó, Monambirá, Ebirá, Guerbaro, Noanamaes, Perre, Tatamá y Yacos.

En la provincia de los Gorrones se registran los pueblos de los Gorrones, pueblo del Pescado y pueblo de los Motuas.

En la provincia de los Bugas se nombran Sonso, Guacaries, Canangua, Chinche, Capacarí, Auguí, Anaponima, Buchintes, Quiamonoes, Bugas y Mamas.

En la provincia de los Quimbaya se mencionan Tanambi, Pindaná, Orobi, Soytama, Pagua, Chinchiná, Pampana y Cágamo.