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Santiago de Cali

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Acueducto Municipal. Archivo Daguer.En Zorrilla, José Luis.
La Ciudad de Santiago de Cali, fundada el 25 de julio de 1536, se ubicó en la planicie aledaña a las montañas de las que emerge un río que desemboca en el río Cauca, al que se le asignó la denominación de río Cali y en cuyas riveras se construyó la ciudad. Al seguir las órdenes reales sobre las condiciones de fundación de las ciudades, la de Santiago de Cali tuvo como objetivo la ubicación de un lugar estratégico que sirviera de punto de convergencia y comunicación con el mar, y de centro administrativo y de conquista.

Las condiciones especiales de la tierra hicieron que ese rincón, conformado por el pie de monte en donde se hallaba un cerro que empezó a llamarse San Antonio y la irrupción del rio Cali en la planicie, fuera el lugar ubérrimo donde las frutas, las verduras y las calidades para organizar la producción eran tan notorias que hicieron exclamar al cronista español Pedro Cieza de León: “si no fuese por el calor que en él hay, es uno de los mejores sitios y asientos que yo he visto en gran parte en las Indias …”. (Cieza de León, Pedro. Crónica del Perú, Ed. Espasa- Calpe, Madrid, p. 89)

Hasta ese momento este espacio había sido disfrutado por nativos que al parecer del cronista habían construido un lugar que:

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fue primero muy poblado de muy grandes y hermosos pueblos, las casas juntas y muy grandes. Estas poblaciones e indios se han perdido y gastado con el tiempo y con la guerra, porque como entró en ellos el capitán Sebastián de Belalcázar, que fue el primer capitán que los descubrió y los conquistó,… aguardaron siempre de guerra, peleando muchas veces con los españoles por defender su tierra y ellos no ser subjetos; por las cuales guerras y por el hambre que pasaron, que fue mucha, por dejar de sembrar se murieron todos los más.

(Cieza de León, Pedro. La Crónica del Perú, Ed. Espasa Calpe, Madrid, P. 82.)


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Cra 4 con 6, sector Colonial. En José Luis Zorrilla. Op. Cit
Efectivamente del rosario de ciudades fundadas por Belalcázar, Cali fue donde el impacto de la Conquista llegó a ser más notorio. La disminución radical de la población indígena que, siendo al comienzo de la Conquista de 30.000 habitantes, en 1582 alcanzaban escasamente los 2.000. El establecimiento de los españoles en Cali presentó fluctuaciones debido a su condición de núcleo generador de nuevas conquistas; de esta manera, en un comienzo, se llegaron a registrar 600 españoles, en su mayoría soldados, pero las entradas y salidas de gente, por las expediciones y por el registro de oro en las Cajas Reales, hicieron que la estancia de ellos fuera corta y ocasional, al punto que hacia 1582 en la ciudad, se dice, habitaban 120 hombres entre vecinos, mercaderes y soldados. Su papel de centro articulador de ciudades, al señalársele como asiento de la Caja Real y Casa de Fundición, obligó a que todo el oro producido en la región fuera fundido en Cartago o Cali y el impuesto para el rey, o quinto real, fuera recaudado en Cali. Este solo hecho hizo que, en la práctica, se convirtiera en el primer centro administrativo de la Gobernación, pues allí tuvieron que despachar los oficiales de la Real Hacienda y fue el núcleo para la circulación de oro y mercancías entre las ciudades de Mariquita, Cartago, Anserma, Buga, Popayán y el lugar del único acceso al mar, Buenaventura.



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En Cali, aunque en términos generales se siguió el modelo de traza urbana de cuadricula acostumbrado por los españoles, el ejercicio institucional parece no haberse realizado en los sitios determinados por la ley, pues los solares que debían ubicarse en la plaza principal se encontraban disgregados a lo largo de la actual carrera cuarta; es el caso de la iglesia de la Merced, el Ayuntamiento (Alcaldía), la Casa de Fundición y la Caja Real. A este propósito el cronista Guillen Chaparro nos informa que: “El pueblo de Cali tiene muy buenas casas de tapia e ladrillos y cal, y hay en él iglesia mayor a nuestra Señora de La Merced que es buen monasterio y hay otro monasterio de frailes agustinos”

(Guillen Chaparro, Francisco. ''Memoria sobre Popayán. En: Cespedesia, No 45, Inciva, Cali, 1983, P. 318).


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Estadio Pascual Guerrero y alrededores. 1950. (Archivo Daguer)
Cali, además, presentaba una población compuesta por: algunos encomenderos de los pocos indígenas sobrevivientes de la parte plana y de los indígenas de la montaña; un buen número de mercaderes que, en algunos casos, eran propietarios de latifundios; hombres de armas al servicio de los vecinos propietarios de tierras; algunos oficiales del rey; y unos cuantos clérigos. Todos ellos, de una u otra forma, vinculados al comercio especialmente el de oro en polvo. Unos pocos años después Cali era descrito por un oficial real como “el más enfermo pueblo de la gobernación, porque demás de ser caliente de medio día para abajo, reina unos aires que saltan en unos de los males en corrompimiento del cuerpo…”. (Friede, Juan, Colección de documentos inéditos para la Historia de Colombia, T. X, Academia colombiana de Historia, 1960, Bogotá, p. 94)

Esta y otras opiniones similares sirvieron para justificar a Popayán, por su clima más benigno, como cabecera de la Gobernación al obtener, en 1643, el traslado de las Cajas Reales y de Fundición a Popayán, más la sede del obispado.

Este momento crucial, en el que Cali quedaba supeditada a Popayán, estuvo acompañado de una crisis económica por la disminución de producción de oro de las minas de Cartago, situación que la obligó a poner su mirada en el mejoramiento de la salida al mar por Buenaventura, la exploración de minas en la Costa Pacífica y la solicitud de la introducción legal de una nueva fuerza de trabajo en 1592 que, por su volumen y permanencia posterior, se convirtió en la segunda migración a la región al introducir fuerza de trabajo esclava en grandes cantidades.

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Hotel Alferez Real, Colombiana de Tabaco. Archivo Daguer.)
Al llevarse a cabo las acciones correspondientes a este plan durante el siglo XVII, la ciudad fue adquiriendo una nueva impronta que puede seguirse gracias a la implementación de parte de una de las Reformas Borbónicas consistente en la realización de los censos de población en el siglo XVIII. Naturalmente la aplicación de una de las Reformas Borbónicas se unieron las demás, especialmente la Reforma Militar y la Administrativa que llevarían a la recuperación del autonomismo militante de los cabildos del valle que, con la conformación de las Ciudades Confederadas, será el acontecimiento máximo para la ciudad antes de la erección del Departamento del Valle.

Las Reformas Borbónicas que más afectaron la ciudad fueron: la Administrativa, por la cual se establecieron los corregidores de cabildo, nombrados por los gobernadores, con capacidad de veto, obviamente incómodos para los cabildos y los notables de la ciudad; y la Reforma Militar que establecía los Batallones de Pardos, que intentó organizar el Gobernador José Antonio Nieto pero se debió obviar ante la resistencia de los hacendados, señores esclavistas del Cauca.

Un instrumento importante para percibir los cambios de la ciudad y también sus permanencias son los censos o padrones de población que, con muy buena intención política, ordenó la Corona. En Cali contamos con este tipo de censos desde 1777 hasta 1809. Las variables más significativas de ellos son: el número de habitantes, la diferencia de las casas de habitación por tipo de material de construcción y techo, la distribución de la población por castas, todo ello segregando los diferentes barrios. El resumen cuantitativo se muestra en el siguiente cuadro.

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Vélez, Amparo. Una mirada socio demográfica de los censos de población de Cali, 1777 a 1809.
Trabajo de Grado, Lic. En Ciencias Sociales. Universidad del Valle. 2008.

Una ligera observación de los resultados del cuadro anterior nos indica que, en términos generales, la Cali de finales del período colonial estaba acertadamente descrita por el Procurador de la ciudad, don Luís Vergara, en 1809, de la siguiente manera:

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“Dicha ciudad, bañada de copiosa acequia que sale del río de su nombre y viene de su mayor parte cubierta de cañerías para dar aguas a la Real Fábrica de Aguardientes, a algunos conventos, casas particulares y a la plazuela de Santa Rosa, en la que salta por una regular pila que sirve al público, ofrece otra de ella dimanada que corre descubierta sobre el haz de la tierra para el reguío de las huertas y apagar incendios, si se ofrecen. Tiene 1151 casas reunidas, las 153 altas y bajas de pared de adobes, es decir, ladrillo crudo cubiertas de teja, 516 de bahareque también cubiertas de teja y las 482 también con pared de bahareque con techumbre de paja. Se dividen en cuatro cuarteles y estos en 172 manzanas a cargo cada uno de su respectivo alcalde. En el conjunto de estas casas habitan según prudente regulación 1153 familias, de las cuales muchas son de conocida antigua nobleza que componen el preciso número de 7546 personas. Del total de estos individuos o personas, ya resumidas se deben separar para la mejor inteligencia los negros esclavos a él agregados, que ascienden a 1140, como se separan para ella los que resultan en las haciendas de la circunferencia de la misma ciudad.

La iglesia de San Francisco inclusa en actual obra es toda de cal y ladrillo. El cuerpo principal y altares de las naves son de orden jónico; los del crucero y el mayor, del corintio; y la portada, del dórico. Las de otros conventos son de adobe cubiertas de teja. La matriz o parroquial también en obra actual, e inconclusa, es de cal y ladrillo, del orden dórico. Además hay cinco ayudas de parroquia, todas en paredes de adobe con techos de teja, a saber: San Antonio, Santa Rosa, San Nicolás de Mira, La Ermita en que se venera a Nuestra Señora de los Dolores, y el Beaterio, donde con el hábito del gran padre San Agustín se recogen muchas mujeres virtuosas, que para vivir tienen bastante número de celdas, y están sujetas al señor diocesano, y de consiguiente a su vicario foráneo”.

(Arboleda, Gustavo. Historia de Cali, Biblioteca de la Universidad del Valle, Cali, 1956, T. III, pp.224 y 225).


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Manzana del Saber.Calle 5 con Avenida Roosevelt. En Zorrilla
Como ya se señaló, la aplicación de las Reformas Borbónicas agudizaron las confrontaciones tradicionales entre Cali y Popayán afectando a las demás ciudades del valle geográfico del río Cauca, concluyendo en un conflicto entre éstas y el Gobernador de Popayán, movimiento conocido como las Ciudades Confederadas del Valle.

Fungiendo como líder de Las Ciudades Amigas del Valle, Cali adquirió una fuerza política tal que le permitió guiar el movimiento de las Ciudades Confederadas hasta Pasto y cubrir, prácticamente, el occidente de la Gobernación de Popayán. Pero también, en el momento de la Reconquista de Pablo Morillo, se transformó en el objetivo de la represión peninsular hasta que el ejército republicano, al mando de Simón Bolívar, liberó a Cali para preparar y adelantar la Campaña Libertadora del Sur que liberaría a las actuales repúblicas del Ecuador, Perú y Bolivia. Tanto las Guerras de Reconquista como la Campaña del Sur exigieron de Cali, y la región, el máximo de sus esfuerzos en el alistamiento de hombres y en el aprovisionamiento de animales y productos agropecuarios para las tropas, lo que dejó la región en ruinas.

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Museo de Arte Moderno La Tertulia. En Zorrilla, José Luis.
Este tributo a la guerra y los sacrificios no reconocidos a la ciudad fueron el piso, desde el cual se buscó la recuperación de la región, para hacer del siglo XIX la centuria de la esperanza. Esperanza fincada, en primer lugar, en la proyección del valle hacia el exterior - nacional e internacional - que buscó dinamizar la comunicación con el mar mediante la ampliación del puerto de Buenaventura, la construcción de un camino carretero y la construcción del ferrocarril; en segundo lugar, romper el aislamiento frente al resto del país mejorando el camino del Quindío que comunica con el valle del Magdalena y el centro de la República, complementado con la utilización del río Cauca como vía fluvial para navegación a vapor; y tercero, la construcción de la autovaloración de Cali y sus gentes, originada en la relación biunívoca con el extranjero visitante y, aún, con el extranjero que decidió radicarse en la región. Uno de estos viajeros describió la ciudad, en 1860, así:

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“Cali es una de las más bonitas ciudades de Nueva Granada; su posición en medio del valle del Cauca le promete un gran porvenir, cuando un buen camino la ponga en comunicación con el Pacífico. Entonces será aquella ciudad una de las plazas comerciales más importantes de la República y en la calle se desarrollarán los cultivos que convienen a su suelo y a su clima. El azúcar, el café, el cacao, la vainilla, el algodón, el índigo y la quina, llenaran muy pronto los depósitos, acumulándose también en ellos los productos europeos que se destinan al Estado del Cauca y a otros próximos…Las calles de Cali son regulares; las casas están bastante bien construidas, todas con jardín o patio, y las aguas, muy abundantes, conservan el aseo y la frescura. El clima, aunque cálido, es sano y agradable”.

(Saffray, Charles. Viaje a la Nueva Granada, tercera edición, Editorial Incunables, Bogotá, 1984, pp. 245, 246, 247).


La realización de estos sueños se daría en el siglo XX cuando, a partir de la ejecución de las obras mencionadas y la erección del Departamento del Valle, Cali se vio obligada a un desarrollo múltiple traducido, para un observador, en la construcción de varios edificios y su puesta en funcionamiento. Así, la Estación del Ferrocarril jalonó el desarrollo urbano hacia ella y hacia el Cementerio Central y la adecuación del puerto de Juanchito fue la oportunidad de la emergencia de un embarcadero con establecimientos para la atención del viajero y la diversión. Además, se habilitaron y construyeron edificaciones para la labor administrativa y política de la Gobernación y la Asamblea Departamental. Fue importante también la transformación que en estos años se dio de la plaza de mercado ubicada frente a la iglesia mayor de San Pedro; ella rápidamente se transformaría en la Plaza de la Constitución y, posteriormente, en Parque de Cayzedo. Esta modificación del paisaje urbano transformó la ciudad y dinamizó las relaciones de la población generando actividades propias de la vida citadina de tipo administrativo, social y cultural. Realizar un trámite de oficina, comprar en el comercio local, disfrutar una tarde en el Parque de Caycedo o bailar en Juanchito mientras zarpaba el barco a vapor por el río Cauca se convirtieron en una nueva cotidianidad de los caleños.

Cali en imágenes


El siglo XX en Cali no sólo esta cimentado en la tradición histórica, sino que bien pudiera decirse que en realidad empezó con los años 20, bajo la égida de dos factores, las migraciones y el desarrollo industrial, que en su crecimiento sostenido impulsaron la definición de formas sociales y culturales que identifican a la ciudad.

Efectivamente, las migraciones internas de la región hacia Cali tuvieron lugar con fuerza en los años 20, fundamentadas en el desarrollo económico y administrativo inducido por la creación del Departamento del Valle, lo que a su vez atrajo una primera migración del Pacífico, aplicada al incremento del ramo de la construcción y la ampliación de la traza urbana.

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Tranvía de Cali frente a la Estación del Ferrocarril. 1925
El crecimiento económico, especialmente el de la capacidad productiva, y la identificación de Cali como capital departamental, impulsaron un cierto desarrollo de la vida urbana en la que sus habitantes se sintieron responsables de los destinos de la ciudad: a la construcción del sistema de alumbrado eléctrico, en 1910, se sumo, en 1916, el acueducto municipal; unido a todo ello se produjo una configuración de la memoria social a través de la construcción de monumentos y espacios históricos y literarios como la ya citada Plaza de Caycedo, el Teatro Municipal, el Hotel Alférez Real y el monumento a Jorge Isaacs, cambios físicos y culturales que obligaron a pensar, en estas primeras décadas del siglo XX, en trazarle un norte a una economía que aprovechara las realizaciones anteriores y tuviera metas definidas. Por esta razón, los sectores dirigentes impulsaron la realización de una serie de diagnósticos de la región que terminaron recuperando el sentido tradicional de autonomía que se tuvo en el período colonial, concretando todo eso en la creación de un ente, motor y dirección del desarrollo posterior de la región, la CVC en 1954. Esta institución, encargada de la regulación del uso de los recursos naturales y la generación de energía eléctrica para la región, acompañada con algunas entidades de servicio y planeación de la ciudad y el Departamento, ordenarían la infraestructura de la economía vallecaucana con una administración y una dirección que, unidas al desarrollo local, a partir del asiento del gobierno departamental, le darían fuerza a Cali para presentarse como la cabeza de un desarrollo regional acelerado entre los años 50s y 70s.

Secuencias del Ferrocarril del Pácifico


Este proceso, además de la multiplicación de las industrias iniciales, el crecimiento comercial y las construcciones oficiales con vinculación cercana a la reflexión estética del espacio municipal, favorecieron la creación de núcleos y actividades culturales que le dieron un barniz intelectual a la ciudad. Este ímpetu cultural giró en torno a la creación de entidades como el Conservatorio Departamental, la Universidad del Valle, el Teatro Experimental de Cali (TEC), el Museo de Arte Moderno La Tertulia, la Bienal de Arte Moderno, Ciudad Solar como espacio de los cineastas caleños, además de los grupos de actividad literaria en ciernes. Todas estas realizaciones fueron lideradas por intelectuales como: Antonio María Valencia, Tulio Ramírez, Mario Carvajal, Armando Romero Lozano, Alfonso Bonilla Aragón, Enrique Buenaventura, Fanny Mikey, Martha Traba, Feliza Bursztyn, Maritza Urdinola, Amparo Sinisterra, Hernando Tejada, Pedro Alcántara, Andrés Caicedo, Carlos Mayolo, Sebastián Ospina, entre otros.

Cali trazas urbanas


Las realizaciones políticas, económicas y sociales adelantadas en este siglo, unidas al florecimiento cultural y la realización de eventos deportivos nacionales e internacionales, fueron el pie de apoyo para obtener la sede de los VI juegos Panamericanos, en 1971. Este evento provocó, ejerció y proyectó la ciudad, en todos los órdenes, permitiéndole mostrarse como paradigma y modelo capitalista para toda la nación. Pasados los Juegos Panamericanos - que consigo trajeron nuevas migraciones, nuevos productos, diversidad en las formas del comercio, contactos y aspiraciones culturales más amplias - la ciudad tuvo un remanente de difícil manejo en el que, al menos aparentemente, la única opción era la del desarrollo por el desarrollo mismo y el crecimiento de los capitales por los capitales mismos, lo que propició una decadencia de la ciudad al hacerse ella vitrina de nuevos productos de alta comercialización, pero ilegales, aupados y seguidos de una descomposición social generalizada, de la cual la ciudad no acaba de salir del todo pero que procura, iniciando el siglo XXI, encontrar opciones de recuperación