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Una sociedad para la convivencia

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Posesión de Alberto Lleras ante Laureano Gómez, agosto 7 de 1958. Foto tomada de: Nueva Historia de Colombia, Editorial Planeta, Bogotá, 1989. .
El Pacto de Benidorm (fragmentos)

Declaración de los señores Laureano Gómez y Alberto Lleras sobre la política colombiana, hecha en Benidorm, España, el 24 de julio de 1956.
“Con viva y recíproca satisfacción se declara que se ha llegado a un pleno acuerdo sobre la necesidad inaplazable de recomendar a los dos partidos históricos una acción conjunta destinada a conseguir el rápido regreso a las formas institucionales de la vida política y a la reconquista de la libertad y las garantías que han sido el mayor orgullo patrimonial de las generaciones colombianas hasta la presente.
… La consideración de cuanto en el país ocurre impone un orden lógico a la conducta de los partidos. Nadie puede poner en duda que debe empezarse por la reconquista del patrimonio cívico común. Seria insensato reabrir inmediatamente la lucha por el poder entre conservadores y liberales. Se encuentra necesario y enteramente posible crear un gobierno o una sucesión de gobiernos de coalición amplia de los dos partidos, hasta tanto que recreadas las instituciones y afianzadas por el decidido respaldo de los ciudadanos tengan fortaleza bastante para que la lucha cívica se ejercite sin temor a los golpes de Estado,...”

Tomado de: Nueva Historia de Colombia, Editorial Planeta, Bogotá, 1989, p. 192.
La Violencia partidista, que se inició con el tránsito de la "hegemonía conservadora" a la "revolución en marcha" de Alfonso López Pumarejo, tuvo sus momentos más críticos en las décadas de 1940 y 50 para agotarse con el establecimiento del Frente Nacional, un pacto entre los líderes de los dos partidos con el propósito de terminar con la violencia repartiéndo, en forma igualitaria, todos los cargos públicos, incluyendo la alternación en la Presidencia.

Sus repercusiones en el Valle del Cauca, tanto en el panorama político como en la estructura de la sociedad, marcan una época con características tan específicas que acabarían, partiendo de condiciones violentas, por perfilar una sociedad para la convivencia. En ella tuvieron importancia fundamental: la instauración de una dinámica urbanizadora con efectos sociales, impulsados por las comunicaciones, el desarrollo industrial y la planeación, con lo que se llegó a construir una nueva cotidianidad haciendo de esa sociedad de convivencia un paradigma cívico que por mucho tiempo caracterizó al Valle y especialmente a la ciudad de Cali.



Dinámica urbanizadora

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Tomado de: Valle del Cauca aspectos geográficos. IGAC, Bogotá, 1988.
Los desarrollos de la región vallecaucana han tenido como trasfondo necesario las diversas migraciones, de las que hoy es resultado y que encuentran su máxima expresión en los cambios de la estructura y la función del perímetro urbano. Dos épocas podrían señalarse desde este punto de vista. Una, en la que todas las migraciones fueron absorbidas por las estructuras coloniales pre-existentes como se evidencia en la permanencia inalterada de las plantas urbanas, a pesar del incremento de la población, con una función administrativa de la ciudad al servicio del campo. La otra época, ceñida al siglo XX, se caracteriza por provocar la expansión territorial de la planta urbana de pueblos y ciudades republicanas que acabó por determinar las características del mundo rural de acuerdo a las necesidades de los núcleos urbanos.

La llegada del ferrocarril introdujo una dinámica que rompió el aislamiento entre las ciudades de la región, haciéndola atractiva frente a las otras regiones. El ferrocarril no sólo impulsó la articulación comercial, también impulsó el crecimiento de núcleos urbanos.

Esa dinámica fue creando la sensación de mercado regional que, unida a las exigencias del ferrocarril y la constitución del Departamento del Valle, requirió una población más amplia para responder a las necesidades de los desarrollos tecnológicos en el campo y la ciudad.

La tendencia general en esta expansión urbana fue la de seguir las rutas de comunicación, fundamentalmente las estaciones del ferrocarril, centros de abastecimiento y de carga en cada uno de los pueblos, con su pequeño comercio de mecato y productos locales tradicionales. Las edificaciones institucionales y el acercamiento al ferrocarril hicieron abrir la frontera constructora y, con ello, el requerimiento de fuerza de trabajo para la construcción, tanto habitacional como institucional y de nuevos establecimientos de corte industrial. Al mismo tiempo se expandió el comercio local dando lugar a un crecimiento espontáneo urbano que, en la medida en que afectaba la prestación de los servicios públicos y el orden social, obligaba a pensar estos procesos y su proyección desde los centros de decisión departamental. Cali fue la ciudad pionera que, desde 1911, discutió acuerdos para construcciones públicas y, en 1919, promulgó un Código de Construcciones siguiendo las normas expedidas por la Junta Central de Higiene Nacional de 1918; estos antecedentes inspiraron la solicitud del primer levantamiento técnico de la ciudad por acuerdo promulgado en 1927, origen remoto de la Oficina de Planeación Municipal de Cali, creada por acuerdo No. 80 del 9 de diciembre de 1959, y de acciones similares propuestas por el Departamento a los municipios.

Efectos sociales

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Farmacia Moderna

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Compañia de trasportes Pachoribe

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Interior galeria de palmira

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Telégrafo

Fotos tomadas de: López, Eduardo.
Almanaque de los hechos colombianos.
Editorial América, 1929.
Los desarrollos económicos y el crecimiento de la población no se limitaron a una simple y mecánica dinámica urbanizadora. Ellos trajeron consigo efectos sociales vinculados a los desarrollos en comunicación, en la industria y en la planeación.

Las comunicaciones, por su función articuladora de los diferentes núcleos urbanos, cumplieron un papel importante al crear el sentido de pertenencia regional al tiempo que, su puesta en función en cada uno de los municipios y lugares, multiplicaron las actividades sociales. De esta manera, la oficina del telégrafo, la ubicación del único teléfono de la población y la sustitución del "bando” por el “parlante parroquial", fueron canales de información para la totalidad de la población e instrumentos de relación entre los diversos municipios; además, esas oficinas fueron lugar de congregación cotidiana e intercambio de información que fortaleció el sentido de avecindamiento. En las ciudades más grandes, los medios de transporte urbano contribuyeron también a percibir, en términos espaciales y de actividad humana, la localidad. En Cali fue especialmente importante el tranvía en su corta existencia (1910-1930).

Coincidiendo con esta intensa actividad de comunicaciones, iba creciendo el comercio y las industrias diferenciando ciudades y pueblos. En las localidades con tempranos establecimientos industriales y comerciales se fueron generando nuevos oficios, tecnologías y jerarquías surgidas de la organización del trabajo al interior de las empresas. Estas jerarquías y organización de grupos se tradujeron en intercambio cultural, social y lúdico en los espacios barriales donde se ubicaban estos grupos de trabajadores. Tanto a partir de las industrias y el comercio como del surgimiento institucional de otras entidades, aparecieron nuevas disciplinas del cuerpo manifiestas en uniformes, dietas y en la regularidad de los horarios anunciados a la población con el repique de campanas de la iglesia o la sirena de bomberos e industrias o el voceo matutino de periódicos y la venta del infaltable pandebono. Nuevos criterios de higiene, salubridad y comportamiento público construyeron un ambiente cotidiano propicio para la convivencia.

Desde el punto de vista de la organización institucional, la respuesta a las necesidades engendradas por toda la dinámica arriba mencionada, requería establecer un orden social susceptible de obedecer a lineamientos emanados de las autoridades con sentido de ordenamiento socio-espacial de la población. Con esta finalidad surgió, tanto a nivel municipal como departamental, la instauración de políticas que, articuladas entre sí, se reconocen como "Planeación del Desarrollo". En el caso del Valle, estas políticas estuvieron íntimamente vinculadas a los planes de desarrollo implementados a mediados del siglo XX y al ordenamiento socio-económico y espacial de la población. En el Departamento, aunque no existiera en cada pueblo una Oficina de Planeación, las diversas Secretarías Departamentales fueron creando desarrollos institucionales que provocaron frecuentes reordenamientos de los grupos de población, de acuerdo a su lugar en la estructura social y su ubicación en el espacio de cada municipio.

La acción del Estado a través de la planeación, la transformación de roles de los individuos en la producción y en sus relaciones sociales fuera de la empresa y la utilización de las comunicaciones por parte de los miembros de las comunidades, fueron construyendo un perfil de los asentamientos urbanos del Valle en el que la hospitalidad, la consideración del "otro" como igualmente humano, el deseo de compartir los nuevos beneficios y la aceptación de la inserción del recién llegado, produjeron una imagen identitaria del vallecaucano trabajador, sociable, alegre y poco interesado en la diferencia con el "otro", con el migrante.